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La indumentaria de los luchadores en Canarias: siglos XVIII-XX (III)

   
lucha canaria 1950-1960 FEDAC

La lucha canaria, un deporte de masas. 1950-1960. / ARCHIVO FEDAC

JUAN DE LA CRUZ RODRÍGUEZ | Santa Cruz de Tenerife

La historia de esta prenda en la Península Ibérica se remonta a la presencia musulmana desde el siglo VIII, o sea, muchos siglos antes de la conquista de Canarias. A ellos debemos la introducción del cultivo del lino, el algodón y la seda, y el uso del telar manual de bajo lizo, que llegó a Canarias con los colonizadores y ha perdurado hasta nuestros días.

Desde las primeras ordenanzas de Tenerife, en su Título XIII que trata de los oficiales y de los que deben hacer en sus oficios, existen dos apartados dedicados al lino: Sobre el beneficiar el lino y Sobre los tejedores de lienzos, donde se dictan normas características y cualidades que debían de tener estas telas durante su obraje y una vez acabadas. (Peraza, 1976:160).

En el siglo XVI, los campesinos peninsulares habían adoptado plenamente de los musulmanes una prenda cómoda y holgada que cubría de la cintura hacia abajo, con largo variables denominada zaragüelles. Eran de una gran variedad, largos y estrechos o cortos por las rodillas con gran amplitud en las perneras. Era prenda propia de las clases humildes, muy usada, por tanto, por campesinos, pastores, y gente de mar. Se llevaban cotidianamente para trabajar, ya fuese como prenda exterior o parcialmente cubiertos por los calzones. (Bernis, 1962:109).

En un principio, como vimos, se hacían del fuerte y duradero lienzo casero (tela de lino tejida en el país) que se hace casi insustituible por sus cualidades, pero cuando los telares isleños dejaron de producir estos géneros, se utilizan telas fuertes de algodón de producción industrial. Su hechura sigue conservando los patrones rectos y simples, propios de las ropas de origen musulmán. Se empleaba todo el ancho de la tela, doblado en dos para cada pernera, que se unían en la cruz por medio del cuadradillo, idéntico al de las mangas de la camisa. Se remataba con una pretina en la cintura, partida en la parte trasera, donde tenía dos ojetes para ajustarla con cordoncillo, o una jareta enhebrada con un cordón para ceñirlos a la cintura.

Esta simpleza de corte y confección fue común a todas las islas, pero los anchos y los largos variaban de unas islas a otras. En Gran Canaria fueron anchos y cortos con mucha tela en las perneras, siendo llamados nagüetas, lo que hacía necesario llevar otra prenda debajo, más ceñida, para la práctica de la lucha.

En Tenerife eran algo más largos y estrechos y simplemente se enrollaban o remangaban para luchar. Cuando el clima lo permitía se usaban como prenda exterior durante las faenas del campo y el mar, y se llevaban con o sin ceñidor. Hacia finales del siglo XIX se alargan llegando, en algunas ocasiones, a parecer pantalones. A principios del siglo XX el uso de los pantalones está casi generalizado en todas las clases sociales, siendo los campesinos de las zonas más apartadas los únicos que siguen vistiendo el calzón y los calzoncillos. Al convertirse estos últimos en prenda interior pierden sus cualidades de dureza y resistencia empezando su camino de evolución, reduciéndose de tamaño paulatinamente hasta terminar en lo que hoy conocemos por calzoncillos o slips.

No obstante, los calzoncillos en su versión original o de patrón antiguo han pervivido en la ropa de brega, rareza fosilizada de nuestra indumentaria. Aunque los colores y los géneros para su confección han variado, su patronaje permanece casi intacto a excepción de la abertura frontal que se ha cerrado.

Lo que si ha variado es su denominación, pues en la actualidad se los mal llama pantalones o calzones, indistintamente, nombres incorrectos ambos que determinan otras prendas de características totalmente diferentes y con otra historia.

Juan de la Cruz Rodríguez es Técnico en textiles e indumentaria del Museo de Antropología de Tenerife