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José Luis Lacunza – Por Luis Ortega

   

Agustino recoleto, natural de Pamplona, arzobispo de la diócesis de David y titular de la Conferencia Episcopal de Panamá en dos mandatos, José Luis Lacunza Maestrojuan figura entre los veinte nuevos cardenales, procedentes de catorce países, que el Papa Francisco designó en días pasados. La noticia fue recibida con júbilo “porque se trata del primer nombramiento para el Sacro Colegio que se realiza en los quinientos años de existencia de la iglesia panameña”. El pamplonica Lacunza (1944) goza de notable popularidad por su cercanía con los necesitados, por su talante afable y excelentes dotes negociadoras, acreditadas en distintos conflictos. En el mismo bloque se incluyeron purpurados de México, Alberto Suárez Inda, y de Uruguay, Daniel Sturla Berhouet. Por otra parte, tal y como se preveía, monseñor Ricardo Blázquez Pérez, sustituto de Antonio Rouco al frente de la CEE, también alcanzó el capelo cardenalicio. De la veintena de nuevos purpurados, quince son electores -menores de ochenta años- y, según comunicado de la Santa Sede, se crearán en el consistorio convocado para el próximo 14 y 15 de febrero, donde se tratará como punto prioritario la reforma de la Curia, asunto sensible que figura en la agenda inmediata del pontífice, que defienden con ardor los representantes americanos y africanos y amplios sectores cristianos de Europa y que despertó, como se esperaba, agrias reacciones y reticencias en círculos integristas. Con estos nombramientos y sin contar a Lacunza, diez españoles forman parte del SCC y siete residen en el territorio peninsular: Rouco Varela, Álvarez Martínez, Carlos Amigo Vallejo y Fernando Sebastián, eméritos de Madrid, Toledo, Pamplona y Sevilla, respectivamente; Estepa Llaurens, antiguo Vicario General Castrense, y los arzobispos de Valencia, Antonio Cañizares, y de Barcelona, Martínez Sistach. A ellos se suman quienes fueron o son cargos curiales: Martínez Somalo, camarlengo emérito, Julián Herranz, antiguo prefecto de los Institutos de Vida Consagrada, y Santos Abril, actual párroco de Santa María la Mayor. La revolución tranquila de Bergoglio continúa ajena al ruido de sotanas y a las conjuras romanas y sus actuaciones ejemplarizantes -ahí está el bochornoso caso de Granada- han sido saludadas con esperanza por las comunidades cristianas y franca admiración por la sociedad civil que día a día descubre su nítido compromiso social y su vocación de servicio.