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Juan Bordes – Por Luis Ortega

   

Todavía colean los actos programados dentro del Año del Greco y, afortunadamente, Canarias se sumó, justo a tiempo, a la ola conmemorativa e impulsó una iniciativa inteligente, modesta si se quiere, pero de gran calado y que constituye un valioso precedente que permitirá que, en el futuro, el público insular no quede descolgado de las grandes actuaciones culturales del estado. Así pues, cuatro siglos después de su muerte, una magra pero excelsa muestra de la obra de Doménikos Theotokópoulos se exhibió en la Casa de Colón a caballo de 2014 y 2015. Amparadas por el título Oro y tinieblas y con una distancia temporal en sus facturas de un cuarto de siglo, La aparición de la Virgen a San Lorenzo(1578-1580) fue realizada poco después de su radicación en Toledo; y el San Jerónimo penitente(1605-1610), en la plena madurez del cretense, que atendía ya a una clientela selecta y adinerada y a un clero que se apuntó al instinto renovador de su trabajo. En todo caso, ambas revelan las singularidades conceptuales y las características formales del genio que engatilló el manierismo con una pauta emergente que, aún, no se llamaba barroco. Así destacan las figuras ascéticas sobre los cálidos fondos que afiliaron al genio cretense al espíritu de la España guerrera y mística. Detrás de esta encomiable iniciativa, patrocinada por el Cabildo Insular a través de la consejería de Cultura, aparecen dos arquitectos de amplio protagonismo cultural; el comisario José Luis Gago, que une al ejercicio profesional la autoría de una docena de libros, entre ellos estudios sobre las carpinterías tradicionales, el enclave histórico de Vegueta y las arquitecturas modernas en el Archipiélago; y el padre de la feliz idea, Juan Bordes Caballero (1948) que, poco después de graduarse, dejó su carrera para dedicarse en exclusividad a la escultura, con pleno reconocimiento de la crítica nacional y obras en distintas capitales españolas y europeas, entre ellas y además de su ciudad natal, Madrid y Barcelona. Formado en la histórica Escuela Luján Pérez y académico de las reales de San Miguel Arcángel de Canarias y San Fernando de Madrid fue el gestor del préstamo con la institución madrileña y con el lucense Colegio de Nuestra Señora de la Antigua de Monforte de Lemos y podría ser el enlace ideal para que obras emblemáticas de las colecciones públicas y privadas se mostraran en este territorio discontinuo y castigado económica y culturalmente con el hándicap de la distancia.