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Lonitas negras – Por Pedro Fernández Arcila y Asunción Frías

   

La historia reciente de Santa Cruz no está en los anaqueles del Ayuntamiento ni en los soliloquios de los cronistas oficiales. Es verdad que ellos nos enumeran, en medio de un sinnúmero de fechas y apellidos ilustres: inauguraciones, actos solemnes, bastones de mando, celebraciones rimbombantes y uniones cívico-militares, pero la verdadera Santa Cruz no es ésa que figura en los textos de los escribanos públicos. Si alguien tiene interés en conocer una parte de la historia que han vivido y sentido los hombres y mujeres de nuestra ciudad, les invitamos a leer Lonitas Negras, la novela de Antonio Martín Pérez. Esta obra narra la destrucción del barrio de Los Llanos, producto de la atroz especulación urbanística que sufrió nuestra ciudad en los años 50 y 60 del siglo pasado. Leer este libro ha sido como ponernos las lonas y caminar por aquella Santa Cruz de la mano de un niño que miraba la realidad con una sensibilidad especial, a pesar de la dureza de su vida cotidiana. Ese niño, Dieguito, nos ha permitido revivir un barrio que ha sido eliminado de nuestra geografía pero que permanece en la memoria colectiva de nuestra ciudad. La obra de Antonio Martín nos narra cómo el relieve de Santa Cruz ha sido tallado, en muchas ocasiones, a golpe de despojo, engaños políticos, expropiaciones y desarraigo, y eso es parte de una historia que, en gran medida, explica nuestro presente. Pero, por encima de todo, el escritor nos habla de esperanza porque las lonitas negras están empapadas de un orgullo que nos anima a respetarnos como personas, como barrio, como pueblo. Antonio Martín, un chicharrero que integra esta novela en un proyecto cultural más amplio de recuperación de la historia popular de los barrios de El Cabo, Los Llanos y Las Cuatro Torres, nos ha ayudado a amar más todavía la ciudad donde nacimos. Decía Saramago que nadie respeta a los pueblos que no se respetan a sí mismos. Conocer y aprender de personas como Antonio Martín y de la historia rescatada nos anima a seguir luchando por una Santa Cruz que se respete a sí misma.