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El mejor regalo de Reyes – Por Carlos Alonso Rodríguez

   

Hay algo que crea dos Españas. Dos mundos distintos entre los ciudadanos del hoy y del ayer. Para muchos ciudadanos, durante muchos años, los reyes eran tres personajes barbudos y entrañables que llegaban sigilosamente una noche, a comienzos de año, para dejarnos regalos. Para las jóvenes generaciones, la familia real son los otros personajes de carne y hueso que salen en las revistas del corazón y hacen discursos en las Navidades. Hay reyes mágicos y reyes físicos. Y hasta nuestro primer rey de verdad, Juan Carlos I, tuvo algo de mágico, porque fue capaz llevar las riendas de un país que era una dictadura hacia una monarquía parlamentaria. Porque los reyes que traen regalos son la expresión de las ilusiones de mucha gente. Soy de los que sigue creyendo en los reyes. Y también en los Reyes Magos. De los que luchan para mantenerles puesta cada noche del cinco de enero tres razones de leche y un poco de chocolate y galletas para los camellos y los pajes. Y disfruto viendo la cara de ilusión que tienen muchos niños desde que escriben su carta de deseos hasta que se enfrentan el día de Reyes por la mañana a la vista de sus regalos. Esos son momentos impagables. La inocencia es un bien maravilloso que dura poco y que cuando se pierde ya no se puede recuperar. Porque la inocencia es, en cierta forma, ignorancia. Es creer en lo imposible, en lo mágico, en lo maravilloso. Pero incluso nosotros, los que ya no somos niños, podemos creer en los milagros. Yo los he vistos este año que ha pasado.

He visto pequeños milagros en cada rincón de esta isla. He visto gente que después de una jornada de trabajo agotador saca tiempo de su descanso para dedicarlo al trabajo por los demás. He visto, estos día de fiestas, padres que se han negado cosas necesarias para dedicarle un pequeño capricho a sus hijos. He visto familias hacer equilibrios para subsistir con los básico y a pesar de todo ser felices. Por todos lados, si uno es capaz de mirar a la gente, se pueden ver ejemplos de valor, de dignidad, de responsabilidad y de coraje. Mi gente de comunicación me dijo que escribiera una carta a los Reyes Magos pidiendo cosas para Tenerife. Pero lo que esta isla necesita no nos lo van a traer nuestros reyes de la ilusión, sino nosotros mismos. El año que estamos empezando va a ser duro, pero no imposible. Hemos pasado peores años que éste sin que se nos doblaran las rodillas. El trabajo tiene que volver a florecer poco a poco y muchas familias de esta isla van a encontrarlo a lo largo de estos próximos doce meses. Como venimos de pasar muchas necesidades, nos vamos a recuperar poco a poco. Somos náufragos que están llegando a la orilla de una playa después de pasar siete años de sed, hambre y calamidades. Aunque estemos en tierra firme estaremos demasiado débiles como para esperar milagros. Por eso no tengo nada que pedirle a los Reyes Magos, más que tiempo. Un poco más de tiempo para que Tenerife empiece a funcionar a pleno rendimiento. Para que podamos ir creando poco a poco las empresas que cerró el temporal de la crisis y recolocar a nuestros hombres y mujeres desempleados. Y mientras la magia de los Reyes nos ayuda, nosotros también intentaremos ayudarnos dedicando el dinero de los presupuestos del Cabildo a hacer posible que esos deseos se cumplan.

Intentaremos empujar con todas nuestras fuerzas a las empresas que quieran abrir sus puertas en Tenerife. Impulsaremos todos los proyectos que nos traigan trabajo y prosperidad. Y como nos hemos portado muy bien este año, espero que los reyes no nos traigan carbón, sino gas natural y energías límpias, solar y eólica. Y si es posible que tengamos un sol radiante para que nuestro turismo siga funcionando. Y con todo eso y un poco de salud y de suerte, lo demás ya es cosa nuestra. Es cosa de los miles y miles de tinerfeños que creemos en la magia del trabajo de todos los días. Ese es el mejor regalo que podemos dejarles a nuestros hijos.

 *Presidente del Cabildo de Tenerife