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Nisman, lápida de Kirchner – Por Gerardo Daniel Settecase

   

El kirchnerismo busca la suma del poder y, para lograrlo, controlado el Parlamento, amenaza, jubila, congela ascensos y obliga a exiliarse a jueces insumisos. Pero que Cristina Kirchner, su ministro de Exteriores o funcionarios directos ordenaran el casi evidente asesinato del fiscal Alberto Nisman (no había restos de pólvora en sus manos) no es creíble, pese a que este le imputara que, con un acuerdo con Irán, buscara evitar que exmiembros del Gobierno de ese país fueran extraditados a la Argentina por el atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994, masacrando 85 personas. Kirchner sabía que no prosperaría, pues aunque tal acuerdo fue declarado inconstitucional por la Corte Suprema, lo aprobó previamente su Parlamento, ajustándose así su decisión a sus atribuciones presidenciales; y porque, sumado a que ningún país entrega a otro sus autoridades en ejercicio o retirados, Irán experimenta hoy un acercamiento a Occidente que bloquearía toda ayuda, haciendo innecesario “blindar” a los acusados por Argentina e Israel.

Solo queda estimar que Nisman tuviera nombres de miembros de agencias de Inteligencia argentinas, algunos heredados de la dictadura militar y de tendencia neonazi, que apoyaron a los autores materiales del atentado, más los de kirchneristas vinculados comercialmente a Irán y promotores de este pacto. Todos ellos no aforados que ejecutaron este poco creíble suicidio para advertir a Kirchner que no podrá traicionarles como a sus compañeros de Montoneros, repitiendo así la advertencia hecha al expresidente Carlos Menem asesinando a su hijo por no respetar pactos. Pero las protestas populares demuestran que el caso Nisman agotó la tolerancia del pueblo argentino con Kirchner, pues este fiscal es ahora la víctima 86 de la AMIA. Y no hacen falta veinte años para saber que no fueron Hizbullá ni Irán, y lo pagará electoralmente.

gerardoctkc@gmail.com