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¿No hubo nada? – Por Juan Hernández Bravo de Laguna

   

Al final, como en el estrambote de Cervantes, fuese y no hubo nada. Porque Repsol ha dado por concluidos sin éxito sus sondeos petrolíferos en Canarias después de 63 días de campaña exploratoria. Comenzó a perforar el pasado 18 de noviembre y llegó hasta los 3.093 metros de profundidad en uno de los pozos previstos. El otro ni lo llegó a iniciar. Al parecer, encontraron pequeñas cantidades de petróleo y, sobre todo, de gas, pero la calidad y cantidad de los hidrocarburos localizados no hacen rentable su extracción, y la compañía ha descartado explotarlos comercialmente por no ser viable. En definitiva, Repsol ha dado por cerrada su aventura en aguas canarias, a la que ella misma le había concedido una probabilidad de éxito de entre el 15% y el 20%. Y ese cierre o renuncia a proseguir los sondeos le puede suponer una sanción o multa por parte del ministerio de Industria de hasta seis millones de euros. A pesar de ese riesgo, abandona su campaña canaria y opta por iniciar otra, también de sondeos petrolíferos, en las costas de Angola.

Dado que en Canarias los adversarios de los sondeos y los enemigos del Partido Popular coinciden, no es de extrañar que alguno se haya pasado de listo y afirme que, en realidad, sí hay petróleo, y que el fin de las prospecciones es una mera decisión política que obedece a una perversa campaña electoral del Gobierno y, en particular, del odiado ministro Soria. Una tontería que solo se le ocurre a alguien que no tenga ni idea de los límites del poder de un ministro y de los principios que presiden la gestión de una gran empresa privada y, en concreto, de Repsol. Lo que no se ha dicho es que los 63 días de prospecciones, efectivas y con todas sus consecuencias, han dejado en ridículo las profecías agoreras que presagiaban un desastre medioambiental por vertidos incontrolables. Porque en estos dos meses los supuestamente amenazados turistas de Lanzarote y Fuerteventura ni se han enterado que Repsol existe. Y no digamos los de las demás islas.

Ante el anuncio de Repsol, el presidente del Gobierno canario ha reaccionado en la misma línea que ha mantenido durante todo el proceso. Una línea en la que ha primado una condenable falta de sentido institucional en quien es el máximo representante del Estado en Canarias, y un planteamiento y un lenguaje personalista y populista con tintes barriobajeros de enfrentamiento personal. Solo así se entiende que haya calificado el fin de las prospecciones de “fracaso cosechado por Repsol, el ministro del Petróleo y el Gobierno del PP, un éxito para Canarias y una garantía para que las nuevas generaciones de canarios puedan vivir en paz y en tranquilidad”. ¿Por qué es un fracaso para el Gobierno y para Soria el que no haya petróleo? ¿Por qué el petróleo pondría en peligro la paz y la tranquilidad de los canarios? ¿El petróleo es la guerra o el terrorismo? A continuación añadió: “Este partido lo ha ganado el interés general de los canarios y lo han perdido los intereses privados”. ¿A qué partido se refiere? Porque el problema es que Paulino Rivero confunde su interés y el de su partido con el interés general de los canarios. Un partido, por cierto, que lo ha repudiado como candidato.

Sin embargo, lo más reprobable de la reacción del presidente canario ha sido su insistencia en identificar la autorización de las prospecciones con una agresión a Canarias, con un atropello y un trato colonial, que solo existen en su interesada y electoralista imaginación. Su actitud ante la empresa privada es propia de un ingenuo progre de salón: “No tenemos que fiarnos ni del Gobierno del PP ni de Repsol”. Lo más delirante de sus palabras ha sido su exigencia de que se depuren unas pretendidas responsabilidades penales del Gobierno de España. Y, por supuesto, no ha faltado su adhesión a la tontería del fin de las prospecciones en clave de campaña electoral: “Cabría la posibilidad de que esta retirada pudiera haber sido adoptada por impulso del Gobierno del PP, al igual que las prospecciones, para rentabilizarla electoralmente, tratando de paliar en los próximos meses el desgaste que han significado para los conservadores”.

Como demuestran los 63 días de prospecciones, la imagen de unas playas canarias contaminadas de petróleo a causa de las prospecciones es absolutamente falsa. Mayor contaminación producen los petroleros que limpian fondos en nuestras aguas continuamente. Y durante años el turismo tinerfeño ha convivido con una refinería incrustada en la capital, que ha originado un intenso tráfico de petroleros cargados de crudo, y ha contaminado la atmósfera de Santa Cruz y afectado las vías respiratorias de varias generaciones, ante el silencio de los que ahora se oponen a las prospecciones. En este asunto, como en tantos otros, los canarios y la opinión pública canaria hemos sido brutalmente manipulados y engañados con fines espurios por la maquinaria de un Gobierno y un partido alimentada con fondos públicos al servicio de intereses electoralistas. Al final, ¿fuese Repsol y no hubo nada? ¿Queda algo? Pues sí, queda el triste convencimiento de que, con petróleo o sin petróleo, todo seguirá igual en estos andurriales atlánticos. Para empezar, el sucesor de Rivero está imputado. Pero mientras haya Carnavales, ¿qué más da?