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Las notas se dan en junio – Por Óscar Herrera

   

El CD Tenerife está a mitad de curso. Tras casi seis meses de competición en esta equilibrada Liga Adelante, los blanquiazules no responden a las expectativas creadas cuando se formó el grupo humano y deportivo que lucharía este año por ilusionar a los aficionados, y por supuesto, por mejorar lo hecho el ejercicio anterior, donde sacó buena nota final, pero empañó su cierre de campaña con un suspenso mayúsculo tras caer siete veces seguidas. Pero eso ya es pasado. En esta mitad de campeonato el grupo de Cervera no aprueba.

Ni se lo merece, a pesar de las ganas que se ponen. Voluntad no se le discute a este equipo, pero capacidad sí. Y ahí es donde radica el problema, y que tiene su génesis en la elección de los alumnos, léase futbolistas. No ha terminado febrero y el director ha tenido que expulsar de la clase a cinco de ellos. Alguno por mal comportamiento (Ruso), otro por rebeldía (Jacobo), otro por incomparecencia (Juan Carlos) y el más reciente por bajo rendimiento (Uli).

El director, junto al jefe de estudios, tampoco llegan al aprobado, y se les suspende por no saber apuntar con tino en la elección de sus pupilos. El problema es que el director es también profesor, y en esa polifaceta de elegir a los alumnos, preparar las clases y corregir exámenes se ha perdido por el camino un buen profesor, que debe estar centrado solo en su materia diaria. El Tenerife aburre, pero eso no es lo peor. A mí, que aburra todo lo que quiera mientras gane. Pero tampoco gana lo suficiente como para obviar el estilo poco atractivo de un equipo que presenta muchas carencias, y que además ha sufrido severos contratiempos que lo han lastrado en muchas ocasiones.

Ahora, en pleno proceso de selección de nuevos alumnos, la hucha del colegio no da como para salir al mercado con garantías. Se cree que con la llegada de nuevos alumnos se podrá subir nota para acabar superando el aprobado, pero por el camino se está buscando salida a otros discípulos, lo que aumenta la desconfianza en el grupo, ya de por sí débil de moral. La mitad del curso que queda viene con la exigencia de mejorar el rendimiento global y empezar a conquistar méritos para no tener que pasar apuros inesperados y arriesgados. Concretando: el CD Tenerife camina a duras penas entre el desencanto de sus seguidores y la lupa sobre sus dirigentes; los deportivos y los administrativos, que se reparten las culpas, o los éxitos si los hubiera, a partes iguales. Llueve sobre mojado con una gestión que se examina cada fin de semana.

Las notas se dan en junio, es verdad, pero como alguno no se ponga a hincar los codos con premura, el final de curso puede ser una tortura. El examen parcial: un suspenso como una catedral.