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Nuevos propósitos – Por Leopoldo Fernández

   

Con el comienzo del año, se nos llena el ánimo de buenos propósitos. Pretendemos mejorar nuestra situación personal y profesional, queremos iniciar nuevos proyectos, superar viejas dificultades, rectificar conductas nocivas o inconvenientes; en definitiva, buscamos sendas de vida mejores, más acordes con algunas de nuestras viejas aspiraciones. Si nos centramos en el campo político, nuestros representantes se las prometen muy felices y en sus mensajes de fin de año prometen que van a seguir luchando por nuestros intereses. Su vocación de servicio es tal -vienen a decir- que se dejarían la vida en una tarea que estiman regada de nobleza, desinterés, lealtad, honradez y todos los etcéteras positivos que se quieran añadir. Basta leer, por ejemplo, el discurso de fin de año de Paulino Rivero para advertir una autocomplacencia infinita y unos propósitos la mar de atractivos. Igualito que Rajoy, al que tanto critica. Aquí, por lo escuchado y leído, vivimos en el mejor de los mundos posibles y el Gobierno de Canarias lo hace todo bien; son otros los que no entienden ni atienden nuestras preocupaciones, según el presidente. Esa trola no se la cree nadie. Se trata de buenas palabras, de pura dialéctica persuasiva y propagandística. Nuestra democracia la estamos llenando de tantas imperfecciones que se degrada en pérdidas de tiempo y en batallas inútiles en lugar de aunar voluntades para tratar de mejorar la vida de todos. Los partidos políticos dedican más tiempo a atacarse y desprestigiarse que a colaborar lealmente en beneficio de la comunidad. Por lo general y esté donde esté -en Parlamento, cabildos, ayuntamientos u otras instituciones-, la oposición no suele contar para nada, sea cual fuere su color. Sus sugerencias, sus propuestas, su talento, no se tienen en cuenta por quien ejerce el poder, que prefiere atacar y ningunear al adversario antes que reconocerle alguna razón en sus puntos de vista o en sus iniciativas. Ni una sola enmienda fue aceptada en el debate de los Presupuestos de la comunidad para 2015. La deseable y leal colaboración acaba así proa al marisco, con lo que la credibilidad del sistema no se recupera nunca y ese cambio anhelado en los modos de hacer política seguirá inactivo, colgado en el tendal de los asuntos pendientes.