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por qué no me callo >

Los pájaros – Por Carmelo Rivero

   

Los pájaros se han vuelto contra las escopetas, y la civilización no acierta a adivinar los picotazos. Han caído los mitos y estamos a la espera de que lleguen nuevos dioses. Ya nadie discute que en este año catártico y electoral es altamente probable que a algunos países, muy pronto, no los conozca ni la madre (democracia) que los parió. Al insaciable enfant terrible de las letras francesas Michel Houellebecq se le ha ocurrido un argumento traviesamente xenófobo: Francia en 2022 tendrá presidente musulmán, tras un segundo mandato menguante de Hollande y el desconcierto en las filas de Marine Le Pen. En Soumission (Sumisión), Europa sufre semejante decalaje, con Turquía, Argelia y Marruecos dentro de la UE. ¿Qué ha pasado con esta polémica novela que ya se devora en versiones apócrifas en la red? Pues que el día de su lanzamiento van dos hermanos yihadistas y matan a doce periodistas en París. Y la revista satírica víctima del ataque publicaba la viñeta de Houellebecq en portada, obra de un azar maquiavélico, en honor a su deriva islamófoba sobre una futura república de versos coránicos regados con armañac y fachadas islámicas de la Sorbona a El Eliseo. Bien. Es ficción. O no. Pero la masacre en Charlie Hebdo es una cruel realidad. Y los manifestantes alzando bolígrafos en defensa del oficio acribillado a aguijonazos son el presagio de no sé qué demonios está por suceder. Cuando se abran las urnas se habrán desangrado acaso las venas del sistema ante el festín de los cuervos, si no se pone remedio. Pues urge retomar el eje del engranaje, que es la democracia sin doblez, y recobrar la sensatez amenazada por esta chaladura de buitres. En España han detenido a una trama de farmacéuticos por comercio inverso de medicamentos; desabastecían modestas boticas de mercaptopurina para la leucemia, al objeto de vender los envases por las nubes en el extranjero. Un crimen. Como en la burda farmafia que me permito acuñar, hemos especulado con los principios esenciales que rigen la convivencia. Somos más vulnerables. Houellebecq -que escribió antes una novela nada apologética de Lanzarote- da rienda suelta a su pluma viperina, pero en un mundo sin pilares sólidos ya todo es posible, bajo la bandada enloquecida de pájaros sobre nuestras cabezas. Tampoco Hitchcock, ni la bella Tippi Hedren que entrevisté en el Puerto de la Cruz en los 80, ni Rod Taylor, su pareja en la célebre película, que acaba de fallecer, hacían otra cosa que cine. Pero los pájaros están aquí con sus graznidos y aleteos y nos acometen por todas partes.