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Paulino Rivero, el cínico – Por Juan Henríquez

   

Aunque por Canarias los hay a montones, Paulino Rivero es el campeón del descaro y cinismo político. Hay que tener cara para, utilizando su particular televisión, la TVC, meternos una retahíla de mentiras que ni él mismo se las creía. Y que uno tenga que tragarse a un vomitivo y mentiroso personaje como éste, tiene cojones la cosa. Pero es que además, con la chulería del intelectual con gomina, amenaza no abandonar jamás la política. Seguro que está pensando en representar a la Comunidad Autónoma en el Senado, tal vez sustituir a Jerónimo Saavedra en el echadero oficial del Defensor del Pueblo, o incluso, un puesto en el Tribunal de Cuentas de Canarias, que es donde van a parar los maestros de escuela que un día abandonaron las aulas por vagos.

Solo un retrógrado mentiroso compulsivo tiene agallas para ponerse frente a una cámara a contar unas rocambolescas historias de ficción que nada tienen que ver con la realidad económica, social y cultural de Canarias. Será todo un presidente legitimado por las urnas, y un servidor nada tiene que decir al respecto, pero don -perdón- Paulino Rivero no está moral y éticamente autorizado para hablar de tendencias de la economía canaria, ni de desafíos, menos de reivindicaciones, unidad o hipotecas de los canarios. Un señor que tiene el 33% de la población activa en el paro y el 38% en el umbral de la pobreza está desacreditado para hablar por una televisión pública, salvo para anunciar que dimite, y se va a su palacio de El Sauzal. A los compañeros de CC.OO., con mis respetos, decirles que no hay nada inexplicable en el discurso de fin de año del presidente. No se tratan de ausencias, sino de propósitos interesados para encubrir la vergonzosa realidad canaria. ¿Cómo hablar de asuntos sociales, empleo y hambre, siendo el máximo responsable del hundimiento de la sociedad canaria? Y tengo entendido que no hay petróleo. A ver ahora lo que se inventa el maestro de escuela en excedencia para distraer al personal. ¡Trágame tierra!