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Pedro Montealegre – Por Pedro H. Murillo

   

Esta columna iba a ser una contundente condena; un misil de palabras contra la intolerancia y la barbarie fanática. Pero aquí me tienen, en un despacho helado por el frío mientras me cubro con una manta hasta la cintura y la noticia de una partida.

Últimamente la muerte, la de los otros nunca la nuestra pues podemos contarlo, se presenta con la premura de un haz de luz. Antes las noticias llegaban lentas y las ausencias se digerían de otra manera.

Así que me entero por las redes sociales que se nos fue Pedro Montealegre. Poeta chileno que decidió marcharse hace seis días. Lamentablemente, en España era poco conocido por el gran público pero sus textos rebosan de una fuerza hiperbólica ahora ya eterna.

Nunca nos vimos en persona pero nos leíamos, quizás la mejor forma de desnudarnos el alma. Él con sus haikus extraños y poderosos, con su Pobre Prosa Humana y huellas de arrecifes y yo con mis Crónicas de El Bohío y mis Técnicas Mixtas que no le llegaban ni a la altura de sus consonantes.

Ahora, que me disponía frente a este teclado a mandar al carajo a los salvajes que adoctrinan a niños de diez años a ejecutar a otros seres humanos; ahora que hay tanta muerte suelta, me entero que Pedro cogió su billete y arrambló con su saquito de estrellas por la calle del medio.

Fue heredero, para bien o para mal de toneladas de talento, de un país que está llamado, de nuevo, a convertirse en vanguardia. Partió, inició viaje el poeta chileno con un verso entre dientes: “Mi desnuda suplicante/ que te vuelves olorosa como un limón partido en cuatro/ como una jaiba que encumbra su poder de oleajes/ si te partieras en mi boca como una grosella/ cerraría los ojos; dormiría en mi muerte; abriría tus ramajes/ treparía hasta tu copa y bebería las luciérnagas que habitan en tus dedos”.

Ahora nos queda su obra. Les invito a que la lean mientras yo me reencuentro con su recuerdo preguntándome qué maldita manía tiene la eternidad de llevarse a los poetas tan pronto.
Buen viaje Pedro.