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Peter Watson – Por Luis Ortega

   

Regalo de Nochebuena no lo vi entonces como lectura prioritaria tras las vacaciones. La aparición de La edad de la nada (Crítica, 2014) coincidió con el avance de la violencia radical, con represiones, matanzas, secuestros y ejecuciones televisadas, con la competencia ruin entre los sicarios de EI y facciones de Al Qaeda. Ahora, con la solidaridad sonora que no se manifestó en ningún momento de la inclemente crisis económica, leo a Peter Watson (1943) y sus reflexiones sobre la muerte de Dios -Nietzche la dató en 1882- cuando París sigue en duelo armado y las marchas que unieron a millones de ciudadanos, las cumbres políticas y la lucha total contra el yihadismo son las réplicas al desafío de “quienes actúan en nombre de Alá”. Famoso por Ideas y Una historia intelectual del siglo XX, en este ensayo revisa las alternativas -basadas en experiencias económicas, filosóficas y culturales- ante el supuesto de la desaparición del todopoderoso ser “en el que creemos o no creemos”. Para el pensador inglés, ese es el dilema de la humanidad desde la Ilustración, porque los derroteros sobre credos y valores, la fe necesaria o prescindible e incluso, cuando la ciencia sella su ocaso, la esperanza de la resurrección del supremo, no bastan a las sociedades modernas. Con la secularización asentada en medio mundo, el extremismo islámico -otra perversión de los códigos morales- se viste de guerra santa cuando, en modo alguno, tiene a Dios detrás de sus acciones deleznables. New York: Basic Books. ISBN 0-465-09065-6 .

“Y sólo es y representa la venganza por siglos de fracaso absoluto, por personas que no tienen otro lugar a donde ir”. Las matanzas en la redacción del semanario Charlie Hebdo, con el pretexto de las burlas a Mahoma, y en el supermercado judío, por motivos obvios, reafirmaron a Watson en sus irrefutables conclusiones: “Fue un ataque deliberado contra los valores de Occidente, como el laicismo y la libertad de expresión. Los asesinos prueban el enfrentamiento de una cultura musulmana en la que algunos se sienten excluidos y discriminados”. A la vez que establece una relación entre las naciones pobres y subdesarrolladas y la fe -“que obedece a causas antropológicas y no a la teología”- reclama a los líderes europeos que “sean realmente proactivos” frente a esta amenaza y, como comportamiento de largo recorrido, propone la búsqueda de la trascendencia y la articulación de un conjunto de valores éticos por encima de las confesiones religiosas.