X
tribuna >

Pre-acciones – Por Indra Kishinchand

   

Odio sentir aquello que predijiste. Incluso cuando salías a dar las noticias encontrabas la manera camuflada de decirme que era un idealista. Conseguiste que me lo creyera, porque no parabas de enseñarme que el mundo ya no tenía ningún remedio.

Odio sentir aquello que predijiste porque nunca quise darte la razón en esto; en esto no. Me hiciste sentir como a un político engañado. Puedes imaginar el desconcierto que eso supone. Nada tiene sentido ahora que eres tú la voz que habla del paro y de Europa, o de que las elecciones en Grecia son un adelanto de lo que pasará en España; mientras yo el único reflejo que veo es el de un mar gris que recoge las lágrimas de todos los que no aparecen en tus comunicados.

Odio sentir aquello que predijiste porque ahora vivo esperando tus predicciones para salir a la calle; como si fueras el señor del tiempo y me advirtieras: “Hoy, hay que vestirse de melancolía”.

Ya habrás entendido que odio sentir aquello que predijiste: desolación, abismo, desconsuelo. Y todo porque no soy más que un idealista que busca que los titulares hablen de nombres propios que nadie conoce y que todo el mundo debería (re)conocer, que los periódicos y las radios sean poesía cotidiana, que la verdad aparezca en todos los versos de las noticias. Detesto ese sentimiento y, sin embargo, sé que algún día dejaré de oír tu voz.