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Promesa inviable – Por Leopoldo Fernández

   

Fernando Clavijo, candidato a la Presidencia del Gobierno por CC en las elecciones de mayo próximo, y Carlos Alonso, presidente del Cabildo de Tenerife, han formulado una propuesta-promesa hoy por hoy inviable: el desmantelamiento de la central térmica de Las Caletillas. Sé muy bien que se trata de una aspiración largamente compartida no sólo por los vecinos de Candelaria, sino en general por los de toda la comarca, basada, entre otras, en razones medioambientales. Las actuales necesidades de suministro eléctrico insular pasan necesariamente por Caletillas, de la que depende casi totalmente el suministro del área metropolitana, sobre todo Santa Cruz y La Laguna. Tenerife dispone tan sólo de dos puntos de generación: Granadilla y Candelaria. Si a ello se une el incumplimiento del Pecan, la falta de alternativas energéticas limpias, una red de transporte muy frágil -se demuestra cada vez que surgen condiciones meteorológicas anormales- y un sistema aislado que obliga a las llamadas desconexiones de carga, para tratar de equiparar oferta y demanda, se puede comprender la gravedad del problema. El Gobierno autonómico, el Cabildo, Endesa y Red Eléctrica están de acuerdo en que la isla necesita imperativamente no uno ni dos, sino tres puntos de generación. Este tercero estaría ubicado en Erjos, pero no como alternativa por el Norte, sino como complemento de Caletillas. Esta central que no se moderniza porque así lo quiere el Ejecutivo autonómico, que denegó permiso a Endesa para instalar el ciclo combinado, que contamina mucho menos que el obsoleto sistema actual y ocupa además poco espacio físico. Si se deja morir, por envejecimiento, la central de Las Caletillas, Tenerife puede sufrir daños incalculables en el suministro de energía, hoy ya apoyado en grupos de emergencia instalados en Arona y Guía de Isora. No se puede por tanto prometer o proponer desmantelamientos ni cierres si antes no se buscan soluciones alternativas urgentes. Una nueva central eléctrica no se improvisa de la noche a la mañana, sobre todo cuando los sistemas extrapeninsulares están, por ley, muy condicionados para poner en marcha nuevas instalaciones en lugares distintos de los ya existentes. Las promesas están bien cuando se pueden cumplir y/o no producen efectos indeseables.