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Repsol espera conocer este mes el resultado de su primer sondeo

   
El buque de posicionamiento dinámico Rowan Renaissance, alquilado por Repsol. | DA

El buque de posicionamiento dinámico Rowan Renaissance, alquilado por Repsol. | DA

DOMINGO NEGRÍN MORENO | Santa Cruz de Tenerife

El primer sondeo de Repsol en el entorno marino de Canarias (Sandía) se acerca a su fin. Ayer se alcanzó el objetivo de los 3.093 metros de profundidad, que son la suma de los algo más de 2.000 de la perforación y los 885 metros de la lámina de agua. La empresa energética espera concretar la próxima semana -el martes 20- el sellado del pozo, antes de conocer, probablemente dentro de los límites de enero, el resultado de los análisis de las muestras. De la existencia o no de hidrocarburos en cantidades comerciales dependerá la ejecución de la segunda autorización (Chirimoya) concedida por el Ministerio de Industria para buscar gas o petróleo en esa zona. Una tercera, la del proyecto denominado Zanahoria, está descartada a fecha de hoy.

Tras meses de preparativos, los trabajos que están a punto de terminar comenzaron el 18 de noviembre a 54 kilómetros de Fuerteventura y 62 de Lanzarote. En el tiempo transcurrido desde entonces, “el proceso se ha desarrollado conforme al plan diseñado”. Fuentes de Repsol recalcan que la “normalidad” ha sido la tónica. “La exploración se lleva a cabo con tecnología de última generación y observando unos rigurosos protocolos de seguridad”, remarcan. A diferencia del método empleado en otros sitios, donde es preciso instalar una plataforma flotante, en esta ocasión se hace desde el Rowan Renaissance, un buque de posicionamiento dinámico en alquiler. Una vez tocado fondo, se continuará tomando muestras para realizar pruebas que permitan definir las características de la piedra mediante el estudio de aspectos como la porosidad y la permeabilidad. “De esa delicada tarea se ocupa personal muy cualificado, físicos, geólogos, geoquímicos e ingenieros”, explica a este periódico el portavoz de la empresa, Marcos Fraga. “Han de examinar muchos parámetros y, a partir de ahí, sacar conclusiones. Luego se verá si merece la pena invertir otros cien millones de euros, después de haber doblado prácticamente semejante cantidad por el gasto que supone el despliegue de la logística. Desde luego, es para pensárselo y tener las cosas claras”. A ese detalle habrá que añadir el efecto del nuevo impuesto, con el que el Gobierno calcula recaudar hasta 316,3 millones de euros al año. Sin embargo, las estimaciones más pesimistas no superan los 8,4 millones. Precisamente, el presidente de Repsol, Antonio Brufau, ha expresado su “preocupación” por el impacto de este tributo en la rentabilidad.

En cuanto a los beneficios, la multinacional se apoya en un informe de la Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración, Producción de Hidrocarburos y Almacenamiento Subterráneo (Aciep) para vaticinar que un año de actividad podría rebasar el PIB que tuvo Canarias en 2013. En caso de éxito, en la fase de la extracción se desembolsarían unos 5.920 millones de euros durante un lustro y 4.397 millones en costes operativos a lo largo de los 20 años de la producción. Aun así, ese idílico escenario se encuentra muy lejano todavía.

Entretanto, la solidez argumental del Ejecutivo regional da señalales de agotamiento. El distanciamiento ordenado del director general de Tributos, Alberto Génova, de las tesis oficialistas coincide con la publicación, el 5 de enero, de la Ley de Armonización y Simplificación en materia de Protección del Territorio y de los Recursos Naturales. Tal como temían los ecologistas, en el texto “no se refleja ninguna restricción o prohibición en relación a prospecciones o perforaciones para la exploración, investigación o explotación de petróleo y gas natural en el ámbito territorial y competencial autonómico canario”.