X
el dardo>

Venezuela, en el abismo – Por Leopoldo Fernández

   

Lo que sucede hoy en Venezuela refleja fielmente el fracaso más absoluto de un régimen socialcomunista disfrazado de populismo revolucionario. Puede que el brutal descenso del precio del petróleo acabe siendo la puntilla de un sistema político incompetente y corrupto. Aún así, nada parece más urgente que -mediante un proceso electoral adelantado o una decisión del oficialismo gobernante- apartar del poder a un Nicolás Maduro torpe e inane, sin apenas credibilidad entre sus propios seguidores, según las encuestas de varios institutos de opinión pública. Los dislates ideológicos de los gobiernos del chavismo y el postchavismo y sus nacionalizaciones y expropiaciones sin sentido destrozaron el escaso tejido productivo del país en el sector alimentario, sembraron la alarma entre el empresariado y convirtieron al Gobierno en importador y distribuidor de bienes y servicios a falta de una iniciativa privada aplastada y forzosamente ausente. Las interminables colas de ciudadanos que cada día, incluso con nocturnidad, se advierten ante los establecimientos públicos y privados para aprovisionarse de alimentos y productos de primera necesidad -cuando llegan a su destino, que no siempre ocurre- son una bofetada a la incapacidad gubernamental para atender el abastecimiento más elemental de un pueblo paciente pero ya desesperado. Uno de los Estados más ricos del mundo y con mayor potencial de recursos naturales aparece hoy empobrecido y triste porque el Gobierno es incapaz de ayudar a su desarrollo y de allegar fondos para pagar en el exterior la compra de productos comestibles. Quince años después de una caricatura de revolución, el país con mayores reservas de petróleo del mundo extrae del subsuelo menos oro negro que cuando Chaves llegó al poder. Hasta ahí llegan las enormes limitaciones e ineptitudes de sus gobernantes. Si sumamos la falta de libertades, el encarcelamiento sin juicio de los opositores y la incautación de los medios de comunicación libres o independientes -por vía de cierre, de compra impuesta o de restricciones en los suministros-, se puede uno hacer una idea de hasta dónde llega el deterioro general en el hermosísimo y querido país venezolano. Claro que, según el Gobierno, se trata de una conspiración. Interior y exterior, claro.