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Venezuela hace cola

   

People line up outside a state-run Bicentenario supermarket in Caracas
SARAY ENCINOSO | Santa Cruz de Tenerife

La mitad del país denuncia corrupción, ineptitud y nacionalizaciones forzosas. La otra, sabotaje internacional y un “golpe económico” del imperialismo a la revolución bolivariana. El resultado, con independencia de la política y los intereses internacionales, es el mismo. Desde hace tiempo las imágenes que exporta Venezuela al mundo se repiten: los alimentos de primera necesidad escasean y muchos venezolanos, sobre todos los que tienen menos recursos, se ven obligados a hacer largas colas para conseguirlos.

Omaira Esteves tiene dinero suficiente como para llenar su despensa sin necesidad de pasarse horas esperando por compota, detergente o leche. Eso no evita que sufra con situaciones que viven sus compatriotas o sus propios familiares. Esta empresaria, que lleva media vida dedicada al negocio del embotellado de agua, puede pagar el precio del mercado negro. No soporta la situación que vive su país, pero ha conseguido un contacto – “el portugués”- que le vende a domicilio todo lo que necesita. Esteves, hija de canarios, nació en Venezuela porque su padre, natural de Tenerife, emigró cuando tenía 16 años. Volvió a la Isla con 23, se casó y tuvo un hijo, pero más tarde el matrimonio regresó a Caracas. Ahí nació Omaira y el resto de sus hermanos. Ha estado en dos ocasiones en la Isla, donde residen algunos primos y sobrinos. Esta semana, después de hablar por Whatsapp con DIARIO DE AVISOS y antes de responder a un cuestionario por correo electrónico, acudió al supermercado central Maderiense. Fue el día que llegó leche desnatada, compotas y detergente para lavar la ropa y se acercó solo para sacar fotos y comprobar la afluencia de gente. “Dos señoras casi se pegan por un paquete de detergente”, cuenta con tristeza.

Mercado. El mercado negro se ha convertido en una de las alternativas para los ciudadanos, pero no todos pueden pagarlo

Esta tensión, generada por la necesidad, hace que las peleas no sean una excepción. El sueldo de una parte importante de la población no alcanza para excesos y a veces ni siquiera para lo esencial si se tiene que comprar en la clandestinidad y no en establecimientos sufragados por el Estado. Es el caso del sobrino de la propia Omaira. “Trabaja para una empresa del Gobierno y gana 7.000 bolívares mensuales. Su novia, 6.800. Es decir, entre los dos cuentan con unos ingresos mensuales de 13.800 o de 460 bolívares diarios. Si tenemos en cuenta que el kilo de pollo cuesta 190 bolívares, les alcanza para un pollo y un paquete de toallas sanitarias en el mercado negro, además del billete de la guagua para ir al trabajo”, lamenta Esteves.

La situación de Omaira es similar a la que viven muchos otros ciudadanos. Algunos, como una de las personas contactadas por este diario, no quieren dar su nombre. Es el caso de Virginia (nombre ficticio), que está estos días de vacaciones en Tenerife. Vino para pasar las Navidades con su hija, que decidió emigrar hace tiempo por la situación que vive el país. Habla en voz baja, asegura que no usa ni Twitter ni Facebook por miedo a represalias y pide no dar su nombre. “Mi marido y yo tenemos una empresa que suministra material al Gobierno; es mejor no hablar”, dice. Reconoce, no obstante, que las imágenes de las colas son cada vez más frecuentes. “Al principio ocurría en los supermercados subvencionados; si una iba a otro no había problema”. Antes de que emprendiera el viaje a las Islas, a principios de diciembre, ir a hacer la compra empezaba a volverse más complicado. “Mi marido me dice que la cosa está muchísimo peor que cuando me fui”. Esta situación ha hecho que “muchos jóvenes” se hayan ido y “otros están empezado a buscar una alternativa fuera del país”. Según Virginia se dirigen principalmente a España, por los vínculos familiares y la facilidad para conseguir la nacionalidad, y a Estados Unidos, por las oportunidades de encontrar un empleo.

Algunos alimentos en

Algunos alimentos en

Frente a personas como Virgina y Omaira, también hay una parte importante de la ciudadanía que apoya la gestión del Gobierno venezolano, liderado por el presidente Nicolás Maduro, insiste en el papel clave de los especuladores para intentar sembrar el caos, denuncia “el secuestro” de alimentos y considera que el desabastecimiento de algunos productos es un mal menor, el peaje necesario para garantizar la independencia del país. En cualquier caso, las dificultades que vive el país no son ningún secreto. El propio Gobierno, que culpabiliza a Estados Unidos y a otras administraciones de los problemas, inició a principios de mes una serie de visitas a China y a los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)para buscar nuevas líneas de crédito.

Tensión. Las dificultades de distribución de alimentos aumentan el clima de tensión social

El profesor emérito de la Universidad de La Laguna Carlos Legna Verona, natural de Argentina pero que lleva muchos años en la Isla, subraya que estos viajes tienen mucho que ver con la situación por la que atraviesa Venezuela en estos momentos. “Es probable que consiga apoyo de China, que está reemplazando el poder norteamericano en América Latina y África”. El inconveniente es que “a Venezuela, a cambio, se le exigirán determinadas votaciones en organismos internacionales”. El docente de Planificación Estratégica y Econometría de la Facultad de Derecho de la ULL advierte de que, más allá del fortalecimiento de las relaciones diplomáticas con algunos países, 2015 será un año muy complicado por las políticas económicas que se han implementado en el pasado, que se verán agravadas por circunstancias coyunturales, como la caída generalizada del precio del petróleo. Hay varios factores que explican cómo se ha desarrollado el año que acaba de terminar y también las complejidades que se vislumbran en el horizonte de 2015. “La alta inflación, que supera el 60%, se mantendrá este año. Eso, combinado con la recesión y la caída del Producto Interior Bruto (PIB) -que según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), fue del 4% en 2014- está generando una de las peores situaciones posibles: la estanflación (estancamiento e inflación)”. En ese contexto, el descenso del precio del crudo -en un año, el barril ha pasado de costar 100 dólares a menos de 50- y las complicaciones para colocar la deuda pública generan déficit fiscal, es decir, falta de liquidez para que el ejecutivo pueda mantener el nivel de subvenciones y servicios sociales a la población, explica. La administración “tiene menos dinero para importar bienes, una de las causas del desabastecimiento que están sufriendo los venezolanos”. No se puede comprar fuera pero tampoco hay capacidad de producción interna y muchas empresas no pueden disponer de las materias primas necesarias para la industria ni conseguir divisas (dólares).

Estas previsiones, a las que se suman el incremento de la pobreza – “según cifras del propio Gobierno”- y los altos niveles de inseguridad, dibujan un futuro incierto. La alta tasa de criminalidad repercute mucho sobre la calidad de la vida de la población, pero también funciona como elemento disuasor para los inversores extranjeros. Actualmente, la agencia de calificación Fitch ha rebajado la calidad de la deuda a largo plazo -detecta un serio riego de impago- y “la tasa riesgo país es la más alta de América Latina”.

Nicolás Maduro. | REUTERS

Nicolás Maduro. | REUTERS

A pesar de estas previsiones, Carlos José Peña Parra, profesor de Economía de la Universidad Central de Venezuela, cree que no habrá default en 2015 y que el Gobierno de Maduro conseguirá incluso mantener los subsidios en año electoral. Le preocupan, eso sí, los acuerdos, poco transparentes, con China. “Siento que han entregado el país a un nuevo imperialismo”, lamenta a este periódico el docente, que coincide con Legna en que la preocupante falta de liquidez y la dependencia de las importaciones son algunas de las causas que explican el desabastecimiento.

“Las pocas empresas que quedan cierran por vacaciones. Antes, un empresario contaba con inventarios suficientes, pero ahora, con los severos controles que hay, no puede porque es acusado de acaparador”. Peña Parra tiene claro su diagnóstico: “Aquí hay un problema evidente: la política económica se basa en controles que cada vez son más férreos. Ahora mismo existen cuatro tipos de cambio, lo que genera fuertes distorsiones y profundos desequilibrios macroeconómicos. Hay que empezar a reconocer que el modelo económico del socialismo del siglo XXI fracasó”. Por eso, “muchos jóvenes piensan seriamente en irse a buscar una mejor calidad de vida; sin embargo, la salida del país también es complicada. No se consiguen pasajes para viajar al exterior. Las aerolíneas extranjeras han reducido frecuencias y asientos. Hay mucha estrechez para todos los que vivimos aquí y el que puede irse, lo hace”.