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Virgen del Mar, un niño de 50 – Por Domingo J. Jorge

   

Hay colegios que han ido aportando capítulos a la historia de los últimos años de Santa Cruz y de La Laguna. Sin duda, uno de ellos es el colegio Virgen del Mar. Un centro que nació ahora hace 50 años, de la mano de doña Lola Rodríguez y don Manuel Chinea. Un hijo, su colegio, que les ha dado muchos otros hijos, sus antiguos alumnos, con los que ahora comparten la celebración de sus primeros cincuenta cumpleaños. Ciertamente, cuando un colegio, o sus creadores, miran atrás y analizan lo que ha acontecido en torno a sus paredes en el transcurrir de su historia docente, es ese el momento donde renacen momentos y situaciones que en la mayoría de los casos son satisfactorias, sensaciones repletas de recuerdos positivos. Es llamativo. Todos, cuando recordamos el colegio donde estudiamos o nuestros momentos de universidad, como me señalaba hace unos días un buen amigo, olvidamos aquellos pequeños instantes duros por los que pasamos, que seguro los hubo, como en el resto de aconteceres de nuestra vida. Contrariamente, recordamos, con deseo de revivirlos, esas horas y horas donde el colegio llenaba nuestra vida, de muchas cosas, de muchos conocimientos, pero, sobre todo, de grandes aprendizajes vitales. Eso es lo que viví el pasado sábado 24 en un encuentro de antiguos alumnos del colegio Virgen del Mar, encuentros con los que don Manuel Chinea y todo el equipo del Virgen del Mar están iniciando las celebraciones que van a llevar a cabo durante este año, para revivir, reitero, los primeros 50 años de la vida de este niño, el Virgen del Mar. Un colegio que, como don Manuel habitualmente repite, hoy enseña muchas cosas nuevas, idiomas, tecnología, trabajo grupal, etcétera; pero ellos ahora siguen formando en algo que siempre han tenido en su currículum: valores. Una palabra sencilla, pero llena de grandes cosas. Felicidades, por estar ahí, por seguir preparando a nuestra sociedad del futuro.