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Yo no soy ‘Charlie Hebdo’ – Por Saray Encinoso

   

“Yo soy Charlie Hebdo. Yo no soy Charlie Hebdo”. Desde que dos terroristas irrumpieron en la sede de la revista francesa armados con kalashnikov y asesinaron a doce personas, muchos quisimos ser Charlie Hebdo. Fue la forma que encontramos de decirle al mundo que también defendíamos el derecho a la sátira, que la guerra que libraron aquellos dibujantes también era nuestra guerra, que no estábamos dispuestos a permitir que unos extraños seguidores de Alá, fieles a las consignas del Estado Islámico o de Al Qaeda, sembraran el terror en nuestras calles. Hicimos pancartas. Colocamos pegatinas en nuestros coches. Compartimos las portadas que convirtieron en blanco del yihadismo a unos hombres que defendieron la burla hasta sus últimas consecuencias. Y repetimos un hashtag que se convirtió en tendencia: Je suis Charlie. Pero hubo quien no estuvo de acuerdo. Je ne suis Charlie (Yo no soy Charlie) no tardó en competir con el original. Hubo quienes encontraron demasiados fallos en el discurso oficial como para aceptarlo, quienes incluso pusieron en duda que el asesinato del policía musulmán se ajustara a los parámetros del islamismo radical, quienes, una vez más, quisieron hacer de la teoría de la conspiración un arma de desinformación masiva. No faltaron, tampoco, los que, imbuidos de moralidad, acusaron al resto de ejercer una solidaridad selectiva, de preocuparse por lo que tenemos culturalmente más cerca -París- y no por las 2.000 personas que esos mismos días morían a manos de Boko Haram en nombre del mismo Dios.

Yo tampoco soy Charlie Hebdo. Ni siquiera creo que fuera lectora de Charlie Hebdo. Sí estoy, en cambio, agradecida. Dijo el presidente Francoise Holland ayer que las víctimas murieron para que otros pudiéramos ser libres. Creo que también para darnos una lección de fe y periodismo a los que aún seguimos intentando creer y trabajar en esto.

@sarayencinoso