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Afición por el dopaje

   
dopaje infografía SUJA

Optar por el camino más corto se traduce en múltiples consecuencias negativas. / SUJA

BRYAN T. LABRADOR | Santa Cruz de Tenerife

Son aficionados. Practican deporte por el mero hecho de hacerlo, aunque muchas veces se sacrifican tanto o más que los profesionales a los que tanto admiran. Roban horas al día, a su tiempo libre o hasta a su familia y amigos para entrenar. Se marcan objetivos y van a por ellos. No dejan de pedalear hasta conseguirlos. Por satisfacción personal la mayoría de las veces, para poder presumir frente a los amigos otras tantas y para alcanzar la victoria unas pocas.

Frente a la herida que sufre el ciclismo profesional en España, el amateur sigue en boga y los participantes en pruebas como la renombrada Quebrantahuesos se cuentan por miles en cada edición. Pero no todo es bueno, lo peor del ciclismo profesional, el dopaje, ha llegado al amateur.

La confirmación de lo que se sospechaba desde hacía algún tiempo se produjo en 2011: el dopaje en el deporte popular existe. La constatación de las conjeturas la inició uno de los ciclistas más destacados del equipo Movistar, Xavier Tondo, que falleció ese mismo año en un accidente doméstico.

En diciembre de 2010 recibió un correo electrónico en el que le ofrecían sustancias dopantes. Tondo presentó una denuncia ante los Mossos d’Esquadra, que iniciaron las pesquisas de la Operación Cursa, saldándose con la detención de siete personas.

Entre los clientes de esta trama se encontraban culturistas, ciclistas, corredores y triatletas amateurs. Aquí saltó la sorpresa. A esta actuación le siguió la operación Máster, en la que según explica su informe, la Unidad Central Operativa (UCO) desarticuló una organización que desviaba fármacos de uso hospitalario para comercializarlos por Internet.

A priori no parece sencillo conseguir los ingredientes de la pócima mágica. La cautela de las autoridades en esta cuestión es máxima. Sin embargo, el albedrío de Internet facilita mucho las cosas.

Para Begoña Manuz, especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte y miembro de la Federación Española de Medicina del Deporte (Femede), hay farmacias europeas que permiten hacer compras en línea donde se pueden conseguir numerosas sustancias prohibidas. “El control es difícil, pero si hay deportistas que están usando productos dopantes es porque existe una forma sencilla de adquirirlos”, subraya.

Cada deporte, y cada deportista, es distinto y requiere de unas habilidades concretas. Por ende, los métodos de dopaje son casi personalizados. Como revela Pedro Manonelles, presidente de Femede, en un artículo, los atletas de resistencia utilizan la eritropoyetina (EPO) para mejorar sus resultados. Esta sustancia estimula la creación de glóbulos rojos que transportan oxígeno a los músculos. La hormona del crecimiento y los anabolizantes ayudan a desarrollar la masa muscular, por eso, son empleados en deportes de fuerza o velocidad, como la halterofilia o la prueba de 100 metros lisos. En los deportes de equipo, la cocaína, las anfetaminas y otras sustancias estimulantes retrasan la fatiga y aumentan la agresividad.

En los profesionales, aunque de forma injustificable, el motivo para hacer trampas estaría más claro, pero no es así con los aficionados. “Quizá no han puesto en una balanza la importancia que puede tener ganar una prueba popular donde, como mucho, van a ganar un trofeo o el prestigio de sus conocidos y el daño real que están haciendo a su organismo”, afirma Manuz. El reconocimiento social parece ser uno de los móviles, pero esto desvirtúa la esencia misma del deporte. “Se trata de hacer ejercicio para disfrutar y encontrarse mejor, no para dañar tu cuerpo”, aclara.

Los peligros
Los efectos secundarios del dopaje pueden ser muy graves y más aún sin ningún tipo de control médico. Manuz afirma que “el riesgo es real y grande y el daño cardiovascular es el más importante”. Optar por el camino más corto tiene múltiples consecuencias negativas. Según explica la especialista, el consumo de anabolizantes puede provocar problemas en el sistema cardiovascular, pues la presión sanguínea aumenta. Al mismo tiempo, se producen cambios en los niveles de lipoproteínas, un compuesto que transporta las grasas por el organismo, reduciendo las de alta densidad HDL, colesterol bueno, y aumentando las de baja densidad LDL, colesterol malo.

En la memoria anual de la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte (Aepsad) de 2013, se afirma que en España se realizaron 277 controles a ciclistas profesionales. Para evitar que estos recurran a sustancias ilegales en pretemporada y borren el rastro en la etapa competitiva, se hacen pruebas en ambos periodos. Están controlados dentro y fuera de la competición. A pesar de que la cantidad puede llegar a abrumar a los corredores, los controles son la mejor arma para conseguir un deporte justo y limpio. Sin embargo, su elevado coste provoca que sea imposible realizarlos en las pruebas populares. Solo las investigaciones policiales han logrado constatar el engaño.

La misma Aepsad y el BOE revelan que, por ejemplo, la recogida de una muestra de orina en una carrera puede costar los 160 euros. A esto habría que sumarle el desplazamiento de los agentes y las dietas, que se fijan en 60 euros por noche. En otros casos, como en el contraanálisis de EPO, la cuantía puede sobrepasar los 600 euros. Además, si se precisa que salgan los resultados con presteza, en un lapso de 24 o 48 horas, el precio se incrementa un 50%.

Begoña Manuz reflexiona sobre esta cuestión: “Los controles son caros y probablemente no se están realizando todos los que se querrían en los profesionales, así que en aficionados creo que en estos momentos es inviable”.

Existe un tipo de ayudas, las ergogénicas, que enseñan y ayudan al organismo a aprovechar mejor la energía. Hay muchas variantes, aunque algunas son de dudosa efectividad. El café que tomamos para desperezarnos por las mañanas o para ser más rápidos en una carrera es un tipo de ayuda ergogénica. Están ahí y se puede acudir a ellas. Sin embargo, la sociedad en general, y el deporte aficionado en particular, debería plantearse si realmente lo importante es llegar el primero, o simplemente llegar. Aunque, eso sí, con la integridad física y moral intacta.