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¿Ajedrez en la escuela? – Por Enrique Arias Vega

   

Por si no tuviesen suficientes problemas escolares nuestros niños, una proposición no de ley del socialista Pablo Martín pretende que el ajedrez sea asignatura obligada en los colegios.

Nuestro legislador, al igual que otros parlamentarios europeos, cree que su conocimiento “mejora las capacidades matemáticas, memorísticas y de concentración de los niños y les enseña, de paso, a tomar decisiones bajo presión”. ¡Toma ya! Jamás otras asignaturas curriculares han tenido semejante interpretación valorativa ni semejante marketing, desde la física a los idiomas, o desde el álgebra a la filosofía. Menos optimista que él era el gran humorista catalán Jaume Perich, fallecido ya hace veinte años. En una de sus inolvidables viñetas, un individuo afirmaba categóricamente: “Está claro que el ajedrez desarrolla la inteligencia… para jugar al ajedrez”.

Me temo que tenía toda la razón del mundo nuestro dibujante. Un país en el que ese juego era a la vez deporte nacional, asignatura obligada y orgullo patrio fue la extinta Unión Soviética, con millones de devotos e infatigables practicantes. Si el ajedrez tuviese las virtudes que pregonan quienes pretenden imponerlo, los rusos habrían sido, de largo, los individuos más listos del mundo y la URSS, pertrechada con semejante y poderoso juego, no hubiese podido desaparecer.

Vemos que, una vez más, la teoría es una cosa, y la práctica, otra. Además, ¿de dónde sacarían tiempo nuestros niños para convertir una actividad extraescolar optativa en asignatura lectiva y obligada? ¿Recargando su horario? ¿Reduciendo su conocimiento de idiomas o matemáticas? Por favor, seamos tan listos como si supiésemos jugar al ajedrez y dejemos a nuestros chicos en paz de una vez.