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Alberto Jiménez Fraud – Por Luis Ortega

   

La censura, en primer lugar y, luego, el cainismo y la comodidad del olvido -no sé honradamente qué es peor- nos hurtaron durante décadas el recuerdo y la obra del malagueño Alberto Jiménez Fraud (1883-1964), hijo de andaluz y francesa, licenciado en Derecho por la Universidad de Granada, doctorado en la Central de Madrid y dilecto alumno de Francisco Giner de los Ríos. Fue secretario de la Junta de Ampliación de Estudios, creada por su maestro y, en 1910, nombrado director de la Residencia de Estudiantes que, en principio y con sólo quince alumnos, se rigió por una máxima que reguló su funcionamiento hasta la abrupta suspensión franquista: “Lo angustiosamente apremiante es formar una clase directora consciente, leal e informada”.

Pasó por varios emplazamientos en la calle Fortuny, desde la sede inicial en el número 5 hasta un núcleo con edificios antiguos y nuevos pabellones. En 1914 inició una destacada actividad editorial que puso a disposición de la clase estudiantil y del público en general textos clásicos y contemporáneos
-desde Descartes a Amado Nervo- a precios populares. A cinco años de su apertura, y por la demanda de plazas y la excelente respuesta social, se fundó la segunda Residencia en la calle Pinar, 21 -La Colina de los Chopos, según feliz bautizo de Juan Ramón Jiménez- con mejores y más amplios espacios para su nutrida agenda de conferencias, coloquios y debates con famosos invitados nacionales y extranjeros que difundían los avances de la ciencia y la técnica, los rumbos del pensamiento y la creación literaria y estética y, naturalmente, el acelerado pulso político de entreguerras; fue además pionera de las proyecciones cinematográficas -Luis Buñuel fue uno de sus fieles huéspedes- y acogió estrenos y audiciones musicales y, desde luego, de los recitales poéticos de la mejor generación lírica en lengua española. Perseguido por los sublevados, en 1936 marchó al exilio al Reino Unido y luego a Suiza, donde falleció. El pasado 12 de enero nos hicimos eco del título de Patrimonio Europeo que premió a “la Residencia de Estudiantes, el sueño de mi vida”. Ahora recordamos que Alianza Editorial -con su lúcida Historia de la Universidad española, 1971, y Residentes, semblanzas y recuerdos, 1989- y, sobre todo, la fundación Jiménez Cossío -que, dirigida por su esposa Natalia, sacó a la calle otros seis títulos con estudios literarios y cuadernos de viajes- contribuyeron de modo determinante a mantener la memoria de un intelectual sólido y honesto, de un actor central de nuestra cultura.