X
tribuna>

Besos caros – Por Indra Kishinchand

   

“Quiero que cada ventana sea una mirada al pasado y no tener nunca que abrir las puertas al futuro”. Eso pensaba cuando era joven, más joven. Pero con los años y las canas también llegó el ansia de un futuro mejor, una vida más feliz, un mundo menos injusto… Y menos canas.

Ahora que ya creía haber llegado a la vejez se arrepentía de todas las cosas que no había dicho. De las que no había hecho también. En la universidad creía que era mejor un beso robado seguido de un bofetón que vivir una existencia de lamentaciones.

Llegó el día en que en vez de robar se vio paralizado por el miedo o la vergüenza. Entendió que debía elegir entre su vocación y sus genes y se decantó por la primera.

No fue tarea fácil. Ninguna lo era. Al menos no en aquella época. Pero últimamente se había dado cuenta de que la juventud era un bien poco valorado, y sobre todo entre los jóvenes. Tal vez sentían que el mundo se acabaría con sus últimos alientos y prefirieron remar en sentido contrario a la agonía; no había otra forma de ganar batallas sin más versos que llantos.