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Carlos Alonso – Por Luis Ortega

   

En este lluvioso febrero que acaba, el taller Giro-Arte, creado por el Cabildo de Tenerife a través de Simpromi, mostró una retrospectiva con la selección de las mejores obras realizadas en sus veinte años de existencia. Carlos Alonso, titular de la Corporación, garantizó la continuidad de un proyecto que, en colaboración con la UE, tiene como protagonistas a personas con discapacidad intelectual y al que consagró afectuosa dedicación su antecesor Ricardo Melchior. Iniciado en 1995, tres años después se constituyó como centro permanente con monitores expertos en la pedagogía de las artes plásticas, incluido diseño y reciclado, y que, con teoría y prácticas comunes y atención individualizada, logró resultados inmediatos y progresión ascendente. Consta actualmente de veinticuatro alumnos, que se reparten en las aulas de pintura, escultura, grabado, esmaltado y fotografía; en la primera son iniciados en el dibujo, tanto como soporte de las composiciones como piezas autónomas; se incluyen los procedimientos de grafitos, ceras, tintas, aguadas, óleos y acrílicos, así como las técnicas mixtas; en las otras clases se enseña el empleo de las herramientas y las cualidades y respuestas de los materiales. Además de los objetivos de formación, desarrollo personal e integración laboral y social, el taller sirvió para descubrir a numerosos jóvenes un medio de expresión que ha sido reconocido dentro y fuera de Canarias. Treinta acciones abiertas al público, veinte exposiciones y diez premios, cinco de ellos alcanzados en el Certamen Nacional Ivadis, avalan esta afirmación.

Como incentivos del aprendizaje, contaron con cursos monográficos impartidos por artistas notables y profesores de Bellas Artes, entre los que figuraron Pedro González, Marisca Calza, Emilio Machado, Marta Von Porozlay, Fernando Álamo, Luis Zárate y Alfonso Crujera; todos ellos les enseñaron, junto a sus argumentarios, las maneras para representarlos y, al finalizar cada ciclo, presentaron exhibiciones conjuntas con obras originales e interpretaciones libres de sus historias y estilos. Pedro González, referente máximo del arte canario, se entusiasmó con las lecturas de sus obras, y Marisca Calza llegó a tal grado de entusiasmo con la experiencia y valoró tanto el papel del Cabildo que planteó nuevas actuaciones e, incluso, el desarrollo de experiencias análogas e intercambios con su Génova natal, que malogró su muerte repentina. En el páramo actual donde se asfixia la cultura, Giro-Arte es, por fortuna, un oasis con la permanencia asegurada.