X
después del paréntesis >

Ciutat morta – Por Domingo-Luis Hernández

   

La historia comenzó un 4 de febrero del año 2006. Era alcalde de Barcelona don Joan Clos y se medía como jueza correspondiente doña Carmen García Martínez. Las contradicciones del uno y la intratabilidad de la otra dieron con la sentencia. Lo que sucedió fue que un policía quedó tetrapléjico por el impacto de una maceta en la cabeza, cinco jóvenes inocentes fueron capturados, juzgados, encarcelados y un suicidio traumático. Uno se pregunta, ¿cómo es posible que semejante calamidad ocurriera en una sociedad democrática y de derechos? Respuesta: los modelos funcionan así; el sistema de representación dominante decide. Lo preceptivo en esos casos no es el derecho inalienable de los individuos, es simular el delito, la policía es dueña de la verdad, pruebas controladas, el sistema no puede fallar y el compañero herido ha de vengarse. Eso hizo que simples personas, aunque críticas, se convirtieran en enemigos genéricos.

Un acto multitudinario en un edificio “ocupado”, una reyerta con la Guardia Urbana, tres chicos de origen sudamericano detenidos y Alfredo y Patricia Heras (poeta) que se vieron atrapados por la funesta casualidad. Así de adversa fue la trama: las estratagemas de los agentes y el asunto que se iba a soterrar porque el edificio era propiedad del Ayuntamiento.

Un accidente de bicicleta llevó a los dos últimos al hospital. Dada la pinta que tenían, magulladuras y un pelo a cuadros de la chica nada usual, movieron. Un mensaje en el teléfono de Patricia (“vamos a batear”) decidió a intervenir. Y chicos que no habían pisado el lugar de los hechos se convirtieron en culpables. Resultado: el inopinable “sufrimiento largo y lento”. Una muchacha demasiado noble para vivir la porquería en la que vivió se precipitó, en un permiso carcelario, desde la ventana a la calle.

Juntos la Guardia Urbana de Barcelona, conocida por sus excesos y por sus atrincheramientos xenófobos, el sistema judicial (la jueza) que busca culpables antes que inocentes y el Tribunal Superior que ratificó.

Una película excepcional de Xavier Artigas y Xapo Ortega que quien quiera puede verla en su totalidad en YouTube y que explica (por la voz prevalente de los torturados “sudacas de mierda” Rodrigo Lanza y Juan Pintos) la denigración de chivos expiatorios.
Traumático, sorprendente e inquietante.