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Cocer la langosta – Por Francisco Pomares

   

Se explica en los recetarios de cocina: la mejor manera de cocer una langosta es metiéndola viva en una olla con agua fría e ir calentando poco a poco el recipiente y su contenido. El pobre bicho ni se entera: pasa de estar viva a estar hervida sin mover un músculo. Al PSOE le está pasando algo parecido. Anda metido en una perola de agua que empezó estando fría y ya comienza a estar templada. A la que se descuiden, seguirán en lo suyo, peleándose por los restos, intentando construir la casa por el tejado, obsesionados con los procedimientos un día y pasándoselos por el arco del triunfo al siguiente, sin darse cuenta de que se están cociendo a fuego lento. Al contrario que muchos, yo no creo que el PSOE vaya a desaparecer del paisaje político español. Pienso que millones de ciudadanos que se sienten de izquierdas seguirán creyendo que es mejor apostar por fórmulas tradicionales que hacerlo por el adanismo de Podemos. El problema del PSOE no es que se enfrente a perder su base electoral: lo veremos en unas semanas en Andalucía y en unos meses en los municipios de toda España. El problema es que puede acabar convirtiéndose en un partido irrelevante en la política nacional española, ocupado exclusivamente de sus propios problemas, dando bandazos sin sentido y dedicado a una autopurga sistemática, para demostrar esa honradez y limpieza que parece haberse convertido hoy en la única preocupación del que fuera el gran partido de la izquierda española. En todos los partidos hay golfos. Pero el principal problema de un partido no pueden ser los golfos que medran en su interior, sino la articulación de políticas que resuelvan los problemas de los ciudadanos. El partido con más golfos por metro cuadrado (al menos con más imputados y procesados por asuntos relativos a corrupción)  parece ser el PP. Pero a su dirección parece no preocuparle demasiado eso. Cuando la golfería de alguien es tan evidente que perjudica al partido más de lo que le beneficia electoralmente, o cuando ya no pueden evitarlo, porque los tribunales han dicho la última palabra, entonces se quitan al golfo de encima y a otra cosa. Mientras, siguen aplicando sin descanso sus políticas. El PSOE está demasiado ocupado en hacer limpieza, demasiado preocupado con su propia imagen, demasiado instalado en la autocomplacencia. No es capaz de explicar lo que quiere para este país. Carece de política. Eso es lo que lo convertirá en irrelevante.