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Cómo sacarle partido a la facultad más ruinosa de la ULL

   
Profesores y alumnos de la Facultad de Bellas Artes dejaron el viejo edificio hace seis meses. / SERGIO MÉNDEZ

Profesores y alumnos de la Facultad de Bellas Artes dejaron el viejo edificio hace seis meses. / SERGIO MÉNDEZ

SARAY ENCINOSO | Santa Cruz de Tenerife

Se manifestaron una y otra vez y hasta llegaron a encerrarse en el Rectorado de la Universidad de La Laguna. Los alumnos y los profesores de Bellas Artes se pasaron años batallando para conseguir una nueva facultad. Su reivindicación, aunque era justa, tuvo que recorrer un duro camino, pero hace seis meses el sueño se hizo realidad: dejaron atrás las goteras persistentes de unas instalaciones “tercermundistas”, según palabras del propio Eduardo Doménech, y se mudaron a un edificio tan innovador que recibió el premio internacional Iconic Awards 2014. Pero, ¿qué ocurrirá ahora con ese viejo inmueble de 6.252 metros cuadrados? ¿Y con las aulas prefabricadas que la Universidad adquirió para paliar las carencias de espacio?

La ULL ha sufrido ya las consecuencias de abandonar infraestructuras ante la falta de fondos. El Paraninfo fue un triste ejemplo, pero también, y más reciente, lo ha sido el Hogar Gomero, que ha sufrido numerosos incendios en los últimos años. En esta ocasión parece que no ocurrirá lo mismo: los responsables universitarios ya piensan en otras vidas para la facultad de Bellas Artes y no tienen intención de abandonarla a su suerte. El personal de Seguridad sigue custodiando las instalaciones que tantos quebraderos de cabeza generaron a rectores y consejeros, aunque hace tiempo que ningún estudiante universitario se acerca. En los jardines pueden verse grupos de alumnos, pero más jóvenes, seguramente chicos que se forman en la Escuela de Arte Fernando Estévez. La dirección de este centro, anexo a la facultad, ha solicitado formalmente la cesión del aparcamiento universitario. Igualmente, la Dirección General de Personal de la Consejería de Educación, también con la intención de sacarle partido a Bellas Artes, se ha puesto en contacto con la Universidad para comprar las aulas prefabricadas y darles utilidad, transacción que se acometerá en breve.

Lo que aún no se sabe si llegará a buen puerto -la negociación está en fase inicial- es la petición de la Consejería, que ha solicitado la cesión de todo el edificio, no se sabe si con la intención de ampliar la escuela.

La Facultad de Bellas Artes fue, durante muchos años, la vergüenza de la Universidad. El centro acometió diversas reformas para adecentar en la medida de lo posible aquel espacio, pero nunca fueron lo suficientemente ambiciosas como para solucionar los problemas que padecía la estructura. En noviembre de 2006, cuando estudiantes y docentes tomaron la sede administrativa de la ULL, tenían claro que no la abandonarían hasta que se firmara un acuerdo. Se habían cansado de esperar. Entonces, la responsabilidad de ese pacto recaía en el rector Ángel Gutiérrez y en el consejero de Educación Isaac Godoy. Ese encierro supuso un punto de inflexión y se acabó rubricando un documento que implicaba un plan de choque -ejecutar ciertas reformas urgentes- y la dotación de una partida presupuestaria para construir una nueva facultad.

La Consejería de Educación aprobó ese mismo año invertir 25 millones de euros en la obra de la nueva sede, con el requerimiento de que este se adaptase a las exigencias del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Sus casi 19.000 metros cuadrados superan con creces los 6.252 de la anterior.

La contratación se adjudicó en mayo de 2008 y, a pesar de la crisis y de más peleas entre la Consejería y la ULL, se inauguró oficialmente en septiembre del año pasado. Así, docentes y estudiantes pasaron de tener la facultad más ruinosa a contar con la más innovadora: un edificio funcional y accesible, dotado de múltiples rampas, donde trasladar una escultura de un piso a otro es una tarea sencilla. El plan de choque que se desarrolló mientras se acometía la obra contemplaba, entre otras medidas, la adquisición de dos aulas prefabricadas (400 metros cuadrados) por las que la Universidad abonó alrededor de 330.000 euros en 2007. Fueron colocadas en la zona del parking, donde hoy siguen, cerradas, igual que el resto de la infraestructura. La diferencia es que en los pasillos y los talleres de cemento hay cristales rotos y materiales olvidados, visibles si cualquiera sortea la vigilancia y se acerca hasta una ventana. Son los restos de una decadencia que duró más de la cuenta, pero que al final,por fortuna, concluyó. Las aulas prefabricadas, sin embargo, tienen todavía mucho uso por delante.