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Credibilidad – Por Juan Carlos García

   

Si existen actividades profesionales que deben estar avaladas por una credibilidad incuestionable estas corresponden al sector financiero, a los medios de comunicación, así como al mundo de la política. Sin embargo, en ocasiones la credibilidad más granítica se resquebraja. El segundo banco más grande del mundo, el HSBC (Hong Kong and Shanghai Banking Corporation) nació en 1865, según cuentan, con el fin de administrar las enormes ganancias generadas por el tráfico de opio de la época. En 2012 no pudo ser enjuiciado por, según un informe, sus extensas actividades de blanqueo de dinero de cárteles mexicanos y organizaciones criminales de Rusia, Irán y Arabia Saudí. Ahora se sabe, gracias a la información sustraída por un extrabajador del banco, que decenas de miles de personas e instituciones, españolas y extranjeras, muchas de renombre, se han beneficiado de las patrañas del HSBC para eludir el pago de impuestos. La oposición española cuestiona la credibilidad del ministro Montoro en su promesa de luchar contra el fraude fiscal, después de la “cobardía” mostrada hasta ahora. Una de las personas con mayor credibilidad para el público de Estados Unidos, un presentador estrella de la NBC, con un sueldo de un millón de dólares al mes, la ha arrastrado por el suelo tras admitir que falseó, al menos, un relato sobre la guerra de Irak en el que afirmaba que el helicóptero en el que iba a bordo fue alcanzado por fuego enemigo. Él volaba en otro aparato. La credibilidad de políticos y de instituciones, tanto foráneos como isleños, se erosiona por momentos. Algunas acciones la dañan, otras la empañan y en algunos casos la credibilidad forjada en el tiempo la dilapidan en un instante. Aunque la credibilidad financiera o política se desmorone, la de los medios de comunicación debe permanecer apuntalada. Diversos estudios anotan cinco premisas para labrarse una credibilidad duradera: cumplir la palabra dada, ser una persona de bien con buenas intenciones, ser honesta, asumir los errores y ser dinámica y positiva. Quizás conozca usted, estimado lector, apreciada lectora, a algún político con este perfil. Cada vez resulta más difícil. La credibilidad se diluye como un azucarillo.