X
La punta del viento >

La crisis de fe… política – Por Agustín M. González

   

Discutía yo el otro día con mi compañera y redactora de la sección de Local Natalia Torres -a quien le gusta más discutir que a una rana el agua- sobre el descontento que se aprecia en la ciudadanía con la clase política en general, como consecuencia de la crisis económica, los escándalos de corrupción, etc. Yo intenté defender a los políticos porque tengo grandes amigos en ese mundo y porque no todos son iguales, como no todos los empresarios lo son, ni todos los médicos, ni todos los abogados, ni todos los periodistas… Pero tuve que darle la razón a Natalia en una cosa: los políticos -todos, hasta la Casa Real- están en este momento más criticados y desprestigiados que nunca en España, y ese desprestigio creciente se lo han ganado a pulso. En realidad, Natalia siempre tiene la razón en todo porque es una mujer muy sensata. A veces demasiado. Por eso le consulto casi todo, como un oráculo particular. Es un problema muy grave esta especie de crisis de fe política. Porque ahuyenta de la cosa pública a los más capaces, a los mejores, y dejamos el sistema en manos de mediocres y aprovechados. Eso sería una tragedia, la ruina social. En la sociedad actual la política y los políticos son un elemento indispensable. Por lo tanto, hay que buscar una regeneración de la política, por el bien de todos. Natalia habla de una revolución y, conociéndola, creo que piensa con guillotina incluida, como la francesa. No puede ser que los liderazgos queden en manos de incompetentes, o lo que es peor, de los corruptos o sinvergüenzas. Hace falta una regeneración desde abajo, desde la ciudadanía, desde la gente de la calle, desde los votantes. Los partidos son cada vez menos democráticos y tienen que ser los ciudadanos los que paren esta deriva y pongan las cosas en su sitio. La forma de hacerlo es dando un paso adelante, participando, motivando a los mejores para que se impliquen en la cosa pública, y así nos hacen a los demás recuperar la fe política. El momento de hacerlo es precisamente ahora, cuando se acercan unas nuevas elecciones y la calle asume la voz y el voto para elegir a sus representantes. Quejarse, protestar y criticar es fácil, muy cómodo. Eso lo sabe hacer cualquiera y aporta muy poco. Lo difícil, lo valioso, lo valiente, es implicarse, comprometerse y participar.

La política es también de los ciudadanos, no solo de los políticos. Y no hay mejor político que un ciudadano comprometido, honrado y con voluntad de servicio público, de ayudar a resolver los problemas de su comunidad y contribuir a alcanzar sus metas, preocupado por el interés general, no solo por el particular. Estos son los líderes que necesita nuestra sociedad, no los piquitos de oro, los telepredicadores, a los que se les dan muy bien las clases teóricas pero que en la práctica se funden o se esconden. Los necesitamos ahora más que nunca. Estos son los que deben acaparar las planchas electorales y esos deben ser los destinatarios de los votos de la ciudadanía. No hay excusa. Da igual la ideología y las siglas: hay que apostar por los más preparados, los más honrados, los más valientes, los más trabajadores. A los votantes les toca también la responsabilidad de saber elegir. Y ya está bien de echar la culpa a los políticos de todos los males de la sociedad. Hay tanta incompetencia y tanta corrupción en la política como en la economía, en la empresa, en la industria, en la cultura, en el deporte… Los políticos son un reflejo de la sociedad a la que pertenecen. Los ciudadanos somos también corresponsables, y más cuando no hacemos nada para cambiar las cosas y nos quedamos en el sofá criticando, protestando o echando las culpas a otros. Es la hora de levantarnos, de participar, de actuar. El 24 de mayo próximo tenemos otra oportunidad para elegir. Es importante asistir a esa nueva fiesta de la democracia y recuperar la fe en la política y en los políticos, que es como recuperar la fe en el ser humano. Le voy a consultar a mi sabia compañera Natalia Torres, a ver qué me recomienda…