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Cuando el hombre sea amigo del hombre – Por Andrés Expósito*

   

Anclamos y enarbolamos frases rítmicas, características, ideas, proyectos, promociones y presentaciones sobre posibles futuros, ideales y maneras sociales de convivir, y en ello tomamos bajo nuestro particular pensamiento un lugar acogedor en las diversas propuestas políticas, religiosas, sociales, económicas, bancarias, estructurales, que el panorama nos muestra, o puede también, nuestra herencia, nuestras costumbres, la enseñanza o el conocimiento adherido, aprendido, nos lleve a tomar en consideración más un lado que otro, acentuar nuestra perspectiva de la vida y del mundo en un color diferente, a lo mejor totalmente contrario, y denostar los otros. Y a todo esto, nada plausible, coherente, respetable y lógico que aludir. Ninguna crítica razonable suficientemente verdadera. Todos debemos aplaudir la variedad, la extensa y diversa pluralidad de opciones que conformen la riqueza ineludible a la que un día y otro, a poquito que observemos y atendamos, podremos sacar provecho y seguir creciendo moral y socialmente, y donde el error lejos de quedar estigmatizado, es parte del camino y aprendizaje, un lado de esa moneda que cae constantemente en nuestras manos, cara y cruz, complejidad y completo de la sabiduría encontrada o buscada.

Sin embargo, cuando el hombre sea amigo del hombre, quizás entonces, las ideologías que fomentan los fanatismos políticos, tanto de derecha o de izquierdas, ahora también de Podemos, o la servidumbre religiosa, igualmente también la económica, donde afloran los egoísmos, las envidias, los narcisismos, la corrupción y la actitud clientelar, donde el ciudadano es solo un agente en el mercado, un currículo de habilidades, todos, todas las ideas, todos los proyectos, todas las leyes, todas las oraciones, todas las arquitecturas, todas las teorías económicas, alberguen y propongan al ciudadano como principio y final, único precepto. Y así en esta carrera cada vez más acelerada, más indecente y menos necesaria, la de este presente que atenaza y cansa, la economía, la religión, la política, la banca, las estructuras y leyes, dejen de ser armas y se conviertan en herramientas, y tracen la línea y el concepto original, el primero, el primario, o quizás el último, en todo caso el necesario, el fundamental, el que hace falta a la ciudadanía, y se encuentren o se devuelvan los planos perdidos o robados de este desconcierto, y comiencen entonces el proyecto verdadero, la hegemonía solicitada. Cuando el hombre sea amigo del hombre, nada será lo suficientemente necesario, y todo será exclusivamente útil, los bolígrafos y lápices dejaran de escribir y subrayar “hombre” o “mujer”, “negro” o “blanco”, de manera violenta y manipuladora, y anotaran en su lugar ser humano, entonces empero, el ciudadano se levantará cuando algo tenga que decir, y lo dirá, y todos escucharan, y luego hablarán otros, y otros, y entonces la palabra escrita y hablada servirá para algo más que para emborronar textos y textos, páginas y páginas, forjando garabatos inservibles, y habrá hogares que abriguen a todo aquel que lo necesite, y sucederá que todos aquellos, o estos, o esos, representantes de los ciudadanos, protagonistas en telediarios y periódicos no por la responsabilidad asumida sino por la corrupción y violencia económica y moral procurada, que rememoren, en muchos casos aprendan, el código ético recordado por Frank Serpico en una reciente entrevista: “…el deber fundamental es servir a la humanidad, salvaguardar vida y propiedades, proteger a los inocentes del engaño, a los débiles de la opresión o el desorden, la paz de la violencia, y respetar los derechos constitucionales de todos los hombres con libertad, igualdad y justicia…”.
*escritor