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Cuidar unos de los otros – Por Félix Díaz Hernández

   

Ya son muchos los años en los que, debido a mis obligaciones y devociones laborales, vengo apelando a la necesidad, nada original por mi parte, de construir, entre todos, un espacio de confluencia alrededor del término de la autoprotección, algo que puede resultar vital en un momento de crisis. Conceptualmente hay estudiosos, profesionales o aficionados al mundo de las emergencias y la protección civil que emplean y manosean esta definición pero que todavía no han dado el salto real a su difusión e implantación. En un reciente foro de participación ciudadana expuse, bajando a la matriz de este concepto y obligándome a hacerme entender, que esta cualidad y necesidad de la autoprotección no es nueva, más bien se trata de un valor que hemos perdido en esta sociedad en virtud de un supuesto y acelerado camino hacia el progreso. Al contrario, las administraciones públicas, los medios de comunicación, organismos oficiales y los ciudadanos nos hemos emperrado en que alguien debe protegernos ante los desastres. Esta visión paternalista de las emergencias resulta muy rentable para aquellos actores que siempre sacan rédito de las desgracias.

Mantener a la ciudadanía en la perpetua minoría de edad respecto a la propia responsabilidad de sus actos ante una emergencia; situarlos en actitud pasiva para que su futuro, seguridad y bienestar dependa de otros; además de una irresponsabilidad supone un enorme riesgo frente a la sociedad en su conjunto. La autoprotección bien entendida empieza por uno mismo. Primero en no tomar decisiones o cometer actos que pongan en riesgo nuestra propia integridad en momentos críticos; también atender a las recomendaciones; disponer de una preparación mínima para enfrentar las emergencias; saber cuándo y cómo debemos solicitar ayuda; entender que aunque nuestra problema nos parezca el más grave, en una catástrofe es muy probable que haya personas que lo estén pasando peor que nosotros; y más importante, aun dentro del aislamiento social y el individualismo dominante, deberíamos cuidar y alimentar un espíritu de solidaridad y apoyo en nuestro entorno, vecindario o familia, porque la primera ayuda germinará cuando sea necesario del hecho de que unos cuidemos de los otros.

@felixdiazhdez