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La cultura, las armas y las ideologías – Por Andrés Expósito

   

Se equivocan, nos equivocamos, todos, el error empieza y acaba en la frecuente y reiterada perspectiva desde donde descubrimos y reflexionamos los hechos, los sucesos. Sin embargo, si nos separamos, nos alejamos, miramos desde otra imprevista y ajena cumbre, y ya está, nos aborda la resolución, otra resolución. No mata o hiere el arma, al contrario, es el dedo que aprieta el gatillo, la mano que empuña el cuchillo, las deplorables ideologías vertidas en las mentes y absorbidas con tanta sed. De nada va a servir arrojar a hondas cavernas e interminables pozos las armas, cubrirlas con cientos y cientos de hectáreas de tierra, ni destruirlas en globales acuerdos de países, ni siquiera usar el hilo de Ariadna para esconderlas en el intrínseco laberinto del Minotauro, y ahí, queden arrinconadas, alejadas, salvaguardadas de la especie humana. Nada de eso servirá. Nada, quedaran como inútiles perspectivas y desesperanzados proyectos y resoluciones.

La cultura y el conocimiento continuo y evolutivo lo aclararán todo. Lo aclararán para el protagonista, también para la mano que empuña el arma y el dedo que aprieta el gatillo, por eso es lo primero a erradicar por los fanatismos ideológicos. Los muertos de las guerras y atentados y la inmundicia de los hambrientos no nacen de las armas, de las balas alojadas en ellas, se forjan en las fronteras inhumanas, en las banderas que desunen, en la intolerancia de la religión, en la ejecutora economía, en el trasiego mafioso y delictivo de muchos políticos, y en ningún caso son las armas, estas sólo son absurdos pretextos, simples herramientas o puentes forjados para esconder en sus sombras el fondo donde se enhebra todo. Apartemos la ceguera que intentan imponernos y descubramos que la pauta inhumana y violenta que esboza en la actualidad el yihadismo es solo el engendro adulto de muchas criaturas incubadas y educadas también en actuales gobiernos que alardean de democracia, y donde la cultura, el conocimiento y la educación quedan cada vez más coartados, ninguneados y alejados del ciudadano, y estos, bajo esa ausencia y el trascurso de los años pueden hallarse embaucados y al amparo de cualquier milonga ideológica que los lleve a procurar barbaries, quizás no de trascendencias parecidas pero si con cortes y rasgos inhumanos y violentos. Proscrita la cultura y el conocimiento por muchos gobiernos democráticos, muchos de los ciudadanos quedan como miembros ciegos de un rebaño que podrá ser dirigido y mangoneado en una u otra manera.

La verdad del engendro adulto que porta el yihadismo en su pauta inhumana y violenta, trata y emerge de esa carencia, de hilos que mueven otros, de ciudadanos ciegos y abducidos, de un sistema que desoye y desobedece a la humanidad, de los miedos impuestos, del sometimiento, de las tradiciones de otros tiempos y otras ignorancias, de proyectos y objetivos que cercioran y profetizan otros.

*Escritor