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Demasiado ruido – Por César Martín

   

El reloj del salón no cesa su constante carrera. Es implacable y tenaz, señala con férrea disciplina el transcurso del tiempo, fiel al compás, marcando metronómicamente cada segundo, negra a sesenta, el eterno adagio. No es el único que llena el vacío del silencio. Han puesto una lavadora pasada de horario y puedo sentir la vibración del tambor girando desde mi casa; no tardará mucho en entrar el silbido del centrifugado, penetrante e hiriente a estas horas de la noche. Se colará por el patio de luz hasta llegar a la ventana de la solana, atravesará fulminantemente la cocina y de ahí al dormitorio, presto, dispuesto a taladrar el más insensible de los tímpanos.

Afuera tampoco es un bálsamo. Una pareja lleva discutiendo en la puerta del portal hará media hora. Desde mi cama no entiendo bien lo que dicen, sólo me llega un balbuceo de palabras ininteligibles en las que se ha colado un “vete a la mierda” y un “te quiero”, curiosa contradicción, que igual son cosas del amor, no lo sé, carezco de criterio en este caso. Por si las moscas me asomo por la ventana, vaya a ser que la cosa vaya a más, pero todo parece estar dentro de lo que es una pelea apasionada, o al menos eso indica el beso profundo que se dan en ese instante. Mientras me bato en retirada rumbo al catre se anuncia la medianoche. Me tumbo boca arriba y los ojos como platos clavados en el techo. Comienza a torcer la colada del vecino y ahora sí es verdad que no hay remedio. Al coro se le une una trasnochada sirena que, entre tanto cambio de normativa, ya no distingo si es de policía, ambulancia o bomberos, eso sí, urgente debe de ser para tanto escándalo. Me doy la media vuelta, clavo la cara en la almohada y la aprieto contra mis orejas con las manos. Ni por esas. Demasiado ruido para este cuerpo maltrecho de ansiedades y estrés. Y el corazón a mil revoluciones…

Repaso el último ejercicio de relajación, por probar. Venga, va. Inspiro cuatro segundos, mantengo siete, expulso en ocho. Repito una vez más. Bien, parece que funciona. Lentamente voy entrando en estado de somnolencia y Sabina comienza a cantar para mí: “tanto ruido y al final / por fin el fin”.

@cesarmg78