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Los escándalos de Podemos y sus expectativas de voto – Por Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca

   

Donde menos se piensa, salta la liebre”, dice el refrán. A Podemos le ha saltado en plena carrera de éxitos demoscópicos y encendidas proclamas contra la casta y la corrupción y en favor de la limpieza y la transparencia de la clase política. Juan Carlos Monedero, número tres y uno de los fundadores de ese partido, sigue encamado, en silencio, aun cuando muchos de sus hasta ayer partidarios le reclaman que sea consecuente y dimita. Pero a la hora de escribir estas líneas, sábado por la tarde, el profesor Monedero, el hombre que hace una semana desafió durante un mitin en Leganés (Madrid) al ministro de Hacienda con esa frase de “no te tengo miedo, Montoro, tengo mis cuentas en regla”, sigue donde estaba. Como si nada hubiera pasado.

Sin embargo, el secretario de Proceso Constituyente y Programa de Podemos y profesor de Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid es un defraudador. De 200.000 euros, nada menos. Por unos trabajos de consultoría política -que no ha presentado en público ni nadie conoce en España-, encargados en 2010, al parecer por varios países del Alba (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América, que engloba a Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Honduras y Ecuador y a otras pequeñas naciones caribeñas) acerca de la implantación de la moneda única en América Latina, Monedero facturó 425.150 euros. Procedente de Venezuela, el dinero, cobrado en 2013, llegó a una cuenta personal del Banco Santander, desde donde fue transferido a otra de la que él mismo es titular y accionista. Se supone que la cuenta pertenece a una sociedad instrumental unipersonal, sin empleados, creada para facturar cobros de esa índole y desgravar por el Impuesto de Sociedades en lugar de hacerlo a través del IRPF, bastante que es más caro. Pura ingeniería financiera, vamos.

El caso es que, según un comunicado de su propio partido, Monedero ha realizado una declaración complementaria “sin que existiera ninguna notificación de Hacienda”. Lo ha hecho, sí, pero porque no ha cumplido sus obligaciones fiscales en tiempo y forma. De ahí que la Inspección de la Agencia Tributaria tendrá que dilucidar si el número tres de Podemos cometió fraude y un posible delito fiscal, en cuyo caso deberá dar traslado a los tribunales del tanto de culpa que corresponda. Monedero habrá de abonar el recargo legal establecido más los intereses de demora, por haber presentado la autoliquidación complementaria fuera de plazo. Además, le queda pendiente una investigación abierta por la Universidad Complutense a la que debió haber pedido permiso para poder realizar su trabajo externo, ya que tiene dedicación exclusiva, y a la que asimismo debería haber entregado el 20% de la retribución percibida.

Negro sobre blanco

Así las cosas, el comunicado de Podemos sobre este asunto constituye un ejercicio de flagrante manipulación que viene a sumarse a las numerosas insidias y acusaciones vertidas sobre los medios de comunicación que han puesto la lupa sobre las actividades de los dirigentes de este partido tras su reciente irrupción en el panorama político y su fulgurante ascensión. Monedero no regularizó sus obligaciones con Hacienda de manera “voluntaria”, sino cuando supo que por tres veces la Agencia Tributaria le estuvo buscando para notificarle la apertura de una inspección. Tampoco ha elegido “la opción que fuera más favorable para la Hacienda Pública”, sino aquella a la que le obliga la ley.

A este sucio asunto se unen ciertos indicios y sospechas sobre mentiras de Monedero para evitar su presencia en una rueda de prensa, posibles datos inexactos en el currículo académico y acerca de ingresos superiores a los permitidos por ley en la universidad y en alianzas cruzadas con empresas participadas por Pablo Iglesias. Como remate, esta semana se han divulgado algunas perlas sobre trabajos suyos en los que, reafirmando su discurso comunista radical -el mismo de sus principales compañeros de aventura-, elogia la Revolución Soviética y al régimen chavista, propugna la sustitución de la propiedad privada por la propiedad social y la nacionalización de empresas, ataca sin piedad el liberalismo, etc., etc.

El caso Monedero se suma al protagonizado por el número dos de Podemos, Íñigo Errejón, quien tiene abierto un expediente a propósito del posible incumplimiento de su contrato laboral como investigador en la Universidad de Málaga, y una inspección de la Seguridad Social por posible fraude en las cotizaciones. Según el periódico ABC, Errejón recibiría una retribución fija del partido, sin que éste cotice por él, en calidad de asesor autónomo externo a la organización política a la que pertenece.

A su vez, Pablo Iglesias está pendiente de aclarar algunas acusaciones acerca de sus prácticas contables y fiscales en relación con un tinglado mediático-societario-político del que forma parte, como el programa La Tuerka, Tele K, Canal 33, el canal iraní Hispan TV
-que, según se ha denunciado por algunos medios digitales, le paga 3.000 euros semanales- y la productora Con Mano Izquierda. Al eurodiputado Iglesias le repugna que se ponga en duda cualquier actuación suya que huela a irregular o anormal, pero no tiene empacho en ocultar información, poner pegas al trabajo de los periodistas y no permitir que le exijan lo que él mismo reclama a los demás, sobre todo a la casta: transparencia, claridad, comportamientos éticos intachables, ejemplaridad.

Los datos del cambio

Como remate de fiesta, se ha sabido que su frase tan repetitiva sobre el tic-tac o cuenta atrás para la salida del Poder de PP, PSOE y otros partidos de la casta, es en realidad un invento de Hugo Chávez, al que el propio Iglesias asesoró, quien lo utilizó por vez primera durante su toma de posesión y lo reiteró después a lo largo de su mandato, lo mismo que ha hecho el presidente Nicolás Maduro. No sé yo en qué medida afectarán a la credibilidad de Podemos estos impactos mediáticos, pero me parece que su mística emocional, su virginidad política y su pureza de origen empiezan a sufrir un fuerte desgaste porque una cosa es lo que se dice y otra lo que se practica. La misma querella criminal presentada esta semana contra Iglesias por el sindicato Manos Limpias ante el Tribunal Supremo es otro golpe en la línea de flotación del partido y de su líder máximo. De ser aceptada a trámite, como se presume, los jueces deberán investigar la posible comisión de diez delitos, entre ellos los de asociación ilícita, cohecho, apropiación indebida, administración desleal, corrupción contra particular, contra la Hacienda pública y contra los trabajadores. Y algo gravísimo: si es cierto o no que Iglesias efectúa viajes a Caracas “con el único fin de recibir fondos no declarados del Gobierno venezolano”.

Fenómeno electoral

Pero todos estos sucesos no apagan los deseos de cambio de la sociedad española, ni -al menos hasta ahora- el hecho irrefutable de que Podemos se ha convertido en un auténtico fenómeno electoral que, según la encuesta-bomba del CIS del pasado lunes, seduce también a las clases altas y medias-altas de la sociedad, altos funcionarios, ejecutivos y empresarios, aunque su mayor fuerza la recibe de los jóvenes con estudios entre 18 y 35 años pertenecientes a todas las clases sociales, sobre todo de municipios de más de 100.000 habitantes (30,4% de intención de voto), seguidos del colectivo de obreros, en especial los no cualificados (24,1%), y profesionales y técnicos por cuenta ajena y cuadros medios (23,9%). La mayor fuerza de Podemos se advierte entre estudiantes y parados, la del PP entre pensionistas y agricultores y la del PSOE, entre personal administrativo y amas de casa.
Los resultados de la encuesta revelan una vez más que la sociedad española se ubica ideológicamente en el centro-izquierda y que, de seguir así las cosas, el panorama electoral para finales de año puede resultar sorprendente. Los indecisos, hoy situados en el entorno del 22%, podrían apuntalar con su voto la actual orientación del electorado, o, por el contrario, forzar un giro sobre el que el PSOE, muy hundido en las encuestas, y el PP, también de capa caída, quizás tengan aún mucho que decir.