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Ferraz contra sí misma – Por Cristina Molina

   

Hemos asistido a un espectáculo indigno del Partido Socialista Obrero Español. Una cascada de acontecimientos a cual más visceral. Qué diría Pablo Iglesias, el bueno, si levantara la cabeza y viera cómo se han puesto en pie de guerra dirigentes del partido que fundó y sin el cual no se entiende la Historia de España. Primero salió al paso César Luena a explicar la arbitraria decisión de suspender a la dirección del partido en Madrid. Después hizo su puesta en escena Tomás Gómez y los suyos para lanzar unas lamentables acusaciones. El tufo del tranvía de Parla, ayuntamiento del que Gómez fue alcalde, tira para atrás. La malversación podría alcanzar los cien millones de euros. Dicho esto, Tomás no está, si quiera, imputado. Quizás se equivoquen los que han puesto las manos en el fuego por él pero no hay derecho a una condena política preventiva como la sentenciada por Pedro Sánchez. El tiempo de barajar si Gómez era un candidato pésimo, muy malo o malo ya pasó hace mucho.

Tener entre tus filas a un señor incapaz de comprender que sobra es una situación complicada pero ganó las primarias en 2010, fue elegido y ratificado por los órganos correspondientes. Pasado mañana, como quien dice, son las elecciones autonómicas. Y vienen ahora a destituirlo por la mala expectativa electoral. Según ese ramplón razonamiento, Sánchez debería autodestituirse ya que las encuestas lo sitúan como tercera fuerza, superados por el partido de Pablo Iglesias, el malo. Pero eso no ocurre porque cuando hay voluntad se buscan fórmulas menos drásticas para revertir la situación. Hay quienes opinan, a pesar de todo, que Pedro Sánchez podría salir fortalecido si coloca a un candidato con garantías de ganar en Madrid, plaza clave de cara a las elecciones generales. Pero mucho me temo que, esta vez, Pedro no pensó en todas las consecuencias de su estrategia, si es que alguna vez las piensa él mismo.
@cristination_