X
EL FECHILLO >

Grecia

   

Ha pasado una semana de la revolución en las urnas de Syriza. Estos siete días han servido para mirarnos, de refilón, en el espejo griego de Podemos. Fue una jornada electoral tranquila, sin sobresaltos. No hubo que lamentar ningún sesgo antidemocrático ni entre los votantes ni entre los partidos. Todo empezó en Grecia, hasta la democracia, y se nota. Otros piensan, los pesimistas, que otra forma de gobernar también ha empezado ya en Grecia y que Europa va a arrancar un cambio de ciclo. Se ha vuelto a escuchar con intensidad que “Grecia no es España” o que “España es más grande y Europa no lo soportaría”. Lo cierto es que el interés que pagan por la deuda helena se ha disparado. La prima de riesgo está por las nubes. Los mercados han reaccionado con desconfianza y los ahorros de los griegos han comenzado a salir de los cajeros por si acaso se escuchase el eco argentino de la palabra “corralito”. Las medidas del equipo de Tsipras, como ocurre cuando uno va a misa o se lee un manual del buen comunista, no son malas. Lo que ocurre es que cualquier medida buena para unos, se convierte en letal para otros. El nuevo Gobierno griego, que por cierto ha dado una lección de celeridad en formarse y ponerse al frente del país -aunque con las prisas se olvidaran de poner a alguna mujer-, ha planteado rápidamente la subida del salario base, la recolocación de funcionarios, la marcha atrás de algunas privatizaciones y otras medidas de carácter social a las que nadie en su sano juicio socialdemócrata podría oponerse; pero, claro, todo eso hay que pagarlo. Grecia no tiene dinero. Está viviendo de un préstamo que viene de la Unión Europea y acaba de pedir una quita del 60%. ¿Se imaginan ustedes que todos los países hiciesen lo mismo? No es cuestión de ponerse de un lado u otro. Suponemos que, como todo en la vida, es cuestión de sentido común. Europa tendría que negociar a la baja las condiciones de la deuda de los griegos, aunque los alemanes no se acuerden de lo que se hizo por ellos al término de la Segunda Guerra Mundial. Los préstamos no pueden concederse sin condiciones, pero las medidas sociales, tan necesarias en los últimos años, han de ir acompañadas de un control. El país que más debe, el que más votos ha dado a los cambios radicales no puede ser el más descontrolado y el Estado en el que más pillos haya por metro cuadrado, con la excusa de que se necesitan  más concesiones sociales. Por suerte o por desgracia para Pablo Iglesias, el laboratorio griego va a servir de mucho a nuestro país. Por cierto, que España también podría aplicarse en austeridad de gasto electoral. ¿Cómo es posible que en un año tengamos que acudir tantas veces y en tantos sitios a las urnas? Nos gustaría que nuestros políticos, después de tanto recorte, empezasen a dar ejemplo, por coherencia con lo que se les recrimina a los griegos.