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Huelga – Por Leopoldo Fernández

   

Ya se sabe que la huelga es la interrupción de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar ciertas condiciones laborales o manifestar una protesta. Pero hay huelgas… y huelgas. La que, si no existe un milagro de última hora, estaba prevista desde la pasada media noche en la compañía TITSA es de estas últimas: huelgas devaluadas en origen, ventajistas, aprovechadas, con escaso o nulo respaldo de la opinión pública. Que utilizan fechas y horas clave para la defensa de intereses gremiales, sin consultar a todos los trabajadores de la plantilla ni tener en cuenta los daños a terceros. Hay que tener muy poca consideración, estima y miramiento con los ciudadanos para irse a la huelga en los días y a las horas en que el Carnaval se halla en pleno apogeo. En la fiesta más multitudinaria de la tierra, la vuelta a casa en un transporte popular y barato, junto con el tranvía, como es la guagua, un grupo minoritario de trabajadores antepone sus intereses -no discuto si son o no legítimos, sólo señalo la injustísima oportunidad del hecho en sí- a los de la inmensa mayoría. Es más, de los 1.500 trabajadores de TITSA, únicamente 114 de un sindicato minoritario en la empresa, la UGT -Intersindical Canaria, con mayor representatividad sindical, y CC.OO. no están de acuerdo con el conflicto- participaron en la votación que decidió la huelga, y de ellos, el 83% se pronunció en favor del cese de la actividad laboral entre la media noche y las siete de la mañana de hoy, mañana, el lunes, y el viernes y sábado de Piñata. La huelga, que protagonizan unos 40 conductores, revela que a algunos dirigentes sindicales les importa un pito tomar como rehenes a los usuarios de TITSA con tal de hacer patente sus diferencias con el Cabildo a propósito de las consecuencias económicas del ERTE negociado en 2012. Con buen criterio, la autoridad laboral competente ha fijado unos servicios mínimos del 65% en el área metropolitana y del 35% para los servicios con origen y/o destino el norte y el sur de la Isla. Es de esperar que los trabajadores se comporten como es debido, huyendo de coacciones o piquetes que van más allá de la ley, de modo que cada cual haga lo que tenga por conveniente. Porque tan legal es ir a la huelga como ejercer el derecho al trabajo.