X
tribuna >

El ilustre naturalista don José de Viera y Clavijo, en el recuerdo – Por Wolfredo Wildpret de la Torre

   

Tal día como el de hoy, el 21 de febrero, pero de 1813, falleció en Las Palmas de Gran Canaria el ilustre polígrafo canario D. José de Viera y Clavijo. Se cumplen por tanto 134 años de su muerte. L. Río Oseleza, seudónimo de Elías Dionisio Zerolo Herrera, lanzaroteño, fundador y director de la extraordinaria Revista de Canarias y autor de la crónica denominada Conversación en el número 77 y 78, de febrero de 1881, define a José de Viera y Clavijo con las siguientes palabras: “Historiador severo e imparcial, distinguido orador, escritor castizo y elegante, naturalista apreciable, físico, poeta, era tal la universalidad de sus conocimientos, que aún hoy, que existe mayor facilidad para adquirirlos, admira tan vasta y sólida erudición”.

Estas últimas palabras las comparto plenamente al comprobar la vigencia de Viera en muchos aspectos de su trabajo intelectual, en especial referido a sus conocimientos sobre la naturaleza canaria y sus compromisos conservacionistas respecto a la misma. Viera sigue siendo actual y los conocimientos etnobotánicos constituyen verdaderas joyas literarias de la antropología canaria.

He creído oportuno reproducir parcialmente un artículo publicado en el número 79 de la revista mencionada que fue pronunciado como discurso por Bernardo Benítez de Lugo el día 23 de febrero, de dicho año, en el Círculo Instructivo de La Orotava. Reproduzco literalmente: “La civilización ha transformado por completo al globo; construyendo grandes diques, le roba las propiedades al océano. Convierte los continentes en islas precipitando sus aguas sobre la tierra; cubre a ésta de vías férreas y redes telegráficas; y, al mismo tiempo que da nuevos moradores al mar, poblando su superficie de esos gigantescos monstruos marinos que se alimentan de fuego, hace volar las ideas a través de los cables que se cruzan sobre sus abismos. Este es el nuevo mundo renovado por estos grandes hombres que, como Viera y Clavijo, han trabajado en pro de la ciencia y en pro del saber; éste es, como dije antes, el mundo moderno patentizando el progreso. Los que hoy día tuvieran el quimérico intento de contener á la humanidad en su vida ascendente, obtendrían el mismo fruto y se equipararían a los que trataron de detener el globo en su carrera, obligando a un pobre anciano de 70 años, al inmortal Galileo, a declarar que no se movía; pues la tierra giraba no obstante aquella afirmación arrancada violentamente: que ni aun entonces se paró, como debió hacerlo para protestar de aquel atentado que en la persona de Galileo se infería a la ciencia en la verdad, a la naturaleza en la ancianidad y a Dios en el genio. Y a este hombre prodigioso que con justicia es hoy considerado como uno de los primeros apóstoles del progreso, no se le concede la corona de la gloria sino después de su fallecimiento; y es porque, desgraciadamente, se ha dado siempre en los sabios una ley fatal, por la cual, al morir el hombre, comienza a vivir el genio; parece que sucede lo mismo que al sol, y es que cuando el sol se pone, entonces es cuando se nota lo mucho que alumbra”. Y el discurso finaliza con el siguiente párrafo: “Loor y gloria a Viera y Clavijo, porque ha contribuido a la realización del progreso, que es el intermediario entre Dios y la naturaleza, pues lleva a la humanidad a pasos agigantados por el camino de la perfección al cumplimiento de su destino; y desgraciado aquel que trate de pararse, porque, según Balmes, el mundo marcha, quien se detenga será aplastado y el mundo continuará marchando”.

Hace algunos días fue presentado en el salón de actos del Museo de la Naturaleza y el Hombre el número 42 de la revista Vieraea, publicación anual que fundé en 1970 cuando iniciaba mi etapa como profesor de Botánica de la Universidad de La Laguna.

Esta revista científica sale a la luz pública gracias a los autores nacionales e internacionales que publican sus trabajos científicos relacionados con la naturaleza canaria en especial y de la Macaronesia en general. La temática es amplia desde un trabajo o descubrimiento científico a un trabajo o una reseña histórica. Actualmente, gracias a la generosa colaboración del Cabildo Insular de Tenerife, se ha convertido en la Folia scientiarum biologicarum canariensium del Museum Naturalium Nivariense. Ampliamente reconocida a nivel mundial. Tuve ocasión de comprobar hace tres años su presencia en el Instituto y Jardín Botánico de Ginebra en un lugar preferencial. Para finalizar, quiero testimoniar mi más sincero agradecimiento a algunas personas que con más intensidad han colaborado a lo largo de sus 45 años de existencia a que la presencia anual de la revista sea algo excepcional en el panorama científico de Canarias.

En primer lugar, quiero mostrar mi gratitud a la profesora Esperanza Beltrán Tejera, principal responsable en los inicios del éxito de la revista, de su edición puntual e intercambio nacional e internacional año tras año, salvando aquellas dificultades iniciales. Luego, al consolidarse su nueva etapa como revista del Museo Insular de Ciencias Naturales de Tenerife, se hace cargo de la dirección, el entonces director del mismo, el doctor Juan José Bacallado Aránega (Checho, para los amigos). Gracias a su reconocida capacidad de gestión en ésta, como en otras aventuras similares de promoción y divulgación de la ciencia, la revista alcanza su gran calidad actual. Lázaro Sánchez Pinto, actual director, ha demostrado ser un excelente sucesor en la gestión y dirección de la revista. De esta manera, un grupo de colaboradores asiduos de Vieraea honramos anualmente al ilustre naturalista y polígrafo canario D. José de Viera y Clavijo.

*CATEDRÁTICO DE BOTÁNICA