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Iván – Por Pedro H. Murillo

   

Pensaba que este año se nos iba a dar un respiro; un momento tranquilo para respirar hondo. Sin embargo, está claro que la vida ha estado mas desatenta de lo habitual y la muerte ha venido a recordarnos, como un impertinente insecto, nuestra condición de sangre y linfa. Es cierto. Cada día mueren cientos de miles de personas, en cada segundo, a cada minuto, con cada inspiración y expiración. Aún así, cuando te toca la partida de cerca se nos hacen jirones las certezas. Este es mi caso, con el reciente fallecimiento de Pedro Montealegre, a quien le dediqué unas líneas en este diario porque sigo sin entender el porqué deben morir los poetas. Ahora, la vida indisciplinada se olvidó de Iván, Iván García.

Paisano de La Orotava que compartía, como todos mis paisanos, esa extraña condición de piedra y lejanía que padecemos los villeros. Su estado físico no le impedía ser uno más entre todos: murguero en los Carnavales, romero en la romería, alfombrista entre las flores de la Octava y caminante errante en la plaza del Kiosko. Aplicado estudiante, cometió la locura deliciosa, como un servidor, de estudiar Historia del Arte, disciplina de locos en busca de Dios. Correcto y amable en el trato. Oyente en los conciertos, incluso en los nuestros, los de Pepejam, con esas piruetas escénicas de una música ya de puretas. Amante de sus amigos con la sonrisa instalada en las velas, siempre adelante. Hoy quiero ser chauvinista porque si alguna vez me encontraron fue entre estas piedras de la Villa, tan loca, con esa tristeza tan alegre, con la piedra lamida por el musgo y el frío de cañada que no se parece a ningún otro frío con esa gelidez ausente. Es el pueblo donde me desangré en palabras y me he declarado incompetente para desentrañar sus miserias y aciertos. El pueblo de reojo en donde me resbalaba por callejones imposibles, incrustado en los jardines colgantes de verodes de teja y humedad o en la Amazonia vegetal inserta como ciudades verdes entre adoquines irregulares y deformes. En ese pueblo, que es el mío, nos falta gente. Entre ellos Iván, que se nos ha ido con la prontitud del reflejo. Lo echaremos de menos.