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José María Ruiz Mateos – Por Luis Ortega

   

Hace 32 años, el gobierno socialista expropió el holding Rumasa, formado por setecientas empresas, con una plantilla de sesenta mil trabajadores y una facturación anual de trescientos cincuenta mil millones de pesetas. La acción se justificó “por razones de utilidad pública e interés social”, según el ministro de Economía y Hacienda Miguel Boyer, y quedó inscrita en una fecha -23 de febrero- manchada ya por un ignominioso y fallido golpe de estado, que tuvo de mascarón de proa y cabeza de turco al teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero. Luego reprivatizado, el imperio que José María Ruiz Mateos y Jiménez de Tejada (1931) inició en 1961 con envíos vinícolas al Reino Unido fue un gigante con pies de barro que no cumplió obligaciones ni resistió auditorías. Pese a errores técnicos y parciales, resueltos a favor y en contra del pícaro, en varias instancias, fue talmente una estafa piramidal y una fuga hacia adelante. Esta modalidad delictiva, ideada por el italiano Carlo Ponzi en el ciclo de entreguerras, tuvo aquí otro afrentoso precedente en el caso Sofico que, en 1974, implicó a empresarios, políticos y militares de máxima graduación. El jerezano actuó con descaro porque se sintió amparado por circunstancias decisivas entonces: familia de alto rango y título comprado en San Marino (Marqués de Olivara); entusiasta adhesión franquista; supernumerario del Opus Dei y cabeza de familia numerosísima -trece hijos de su matrimonio con Teresa Rivero- y la campechanía y labia de los señoritos con las que sedujo a medianos y pequeños empresarios y, también, a ahorradores humildes. Tras el estampido y en el rol de víctima y justiciero, ganó un acta en el Parlamento Europeo y lideró montajes y esperpentos con amplia cobertura mediática. Pasó por prisión por fraudes, le retiraron el pasaporte e impusieron medidas cautelares pero, inmune al desánimo, con la ayuda de algunos vástagos e iguales métodos, en 1996 fundó la Nueva Rumasa con diez empresas, incluida la sociedad deportiva del Rayo Vallecano, y veinte mil empleos que, en febrero de 2011, se acogió al procedimiento concursal. Ahora las responsabilidades tocan además a la segunda generación y el uno y los otros se echan mutuamente las culpas, hay numerosas imputaciones, órdenes de cárcel y juicios pendientes mientras el histriónico patriarca, que declara su delicada salud, anuncia su suicidio “si no puede devolver las inversiones de los socios minoritarios”. A la cuadrilla de la Abeja tenemos que concederle el mérito de, tres décadas después, repetir faena en la misma plaza y con el mismo o parecido público. Olé.