X
nombre y apellido >

Juan Canario – Por Luis Ortega

   

El primer presidente del Gobierno, Jerónimo Saavedra, promulgó el 12 de febrero de 1985 la Ley del Diputado del Común; treinta años después, como Alto Comisionado para la defensa de los derechos y libertades ciudadanos conmemoró la efeméride en Santa Cruz de La Palma. Creada por el Parlamento de Canarias, según el Estatuto de 1982, le compete la supervisión de las acciones de las administraciones locales, insulares y autonómicas en cuanto afecten a las garantías constitucionales. No tiene poder para dictar sentencias, imponer sanciones o suspender cometidos administrativos, pero sí facultad para investigar y denunciar, intervenir de oficio o a petición de cualquier persona física o jurídica, pero no está autorizado a participar en conflictos entre particulares, asuntos con sentencia o pendientes de fallo judicial.

El primer elegido para el cargo, Luis Cobiella Cuevas, tuvo perfil humanístico; fue químico, docente, músico, escritor, facetas evocadas en una ajustada biografía presentada por el cronista palmero Manuel Poggio y el periodista de este medio, David Sanz. Le siguieron políticos de distintas siglas, como Arcadio Díaz Tejera, Fernando Giménez Navarro y, ahora, Saavedra Acevedo o de larga trayectoria profesional, Manuel Alcaide Alonso, que ocupó diversos cargos en la judicatura, incluida la presidencia del Tribunal Superior de Justicia. Entretanto, se crearon amplias estructuras en las capitales autonómicas y delegaciones en las islas periféricas -el adjetivo es tan perverso como arraigado- cuando ahora, en circunstancias duras, se cuestiona el número y tamaño de las administraciones territoriales. Pero vamos a la historia, o a la sugerencia, que tanto importa. Tres décadas y cuarenta mil quejas después, regresan desde las esquinas de la memoria, los episodios, fabulaciones y palabreos de Luis Cobiella y Juan Canario (CCPC, 1993) que, en coordenadas ingratas, resultan proféticos en tanto la necesidad recorta garantías y aplaza ilusiones, dilata la esperanza de la justicia social como valor estable y empuja situaciones que lastiman la razón y la piel. Aquel tipo real, o imaginario, que contrastaba opiniones y compartía penas con el Diputado del Común -como Juan de Mairena con Machado o Juan Bimba con Andrés Eloy Blanco- estuvo de algún modo presente en el acto institucional, solapado en un lugar de sombra y preguntando, o preguntándose, cuándo no serán necesarios los defensores del común de los mortales, porque la justicia sale y resplandece, como el sol, para todas las criaturas, y porque el mundo posible se parece en algo al soñado.