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Juan Sedó – Por Luis Ortega

   

En el año del IV Centenario de la publicación de la segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, y mientras notables arqueólogos, historiadores y forenses se afanan por resolver el enigma de sus restos entre los localizados en la cripta de las Monjas Trinitarias, la Biblioteca Nacional abrió una exposición de sus vastos fondos cervantinos, acogidos con éxito de crítica y extraordinaria afluencia de público. Desde el título, este acontecimiento pivota en torno a dos nombres propios: el misterioso doctor Thebussen (asunto para tratar con la extensión oportuna en una próxima ocasión) y el inquieto y culto empresario Juan Sedó Peris-Mencheta (1908-1966) que, desde su juventud, rastreó la documentación y las huellas cervantinas por todo el mundo para formar una colección única, tanto en cantidad como en calidad e, incluso, curiosidad. Dos años después de su muerte y tal como dispuso en sus últimas voluntades, sus preciados fondos entraron como legado en el Patrimonio Nacional y su persona ingresó, y se reconoció, con letras mayúsculas en la historia del mecenazgo de un país lamentablemente avaro en esa faceta. El hispanista catalán -la adjetivación territorial resultará paradójica para los ruidosos reduccionistas- dedicó la mayor parte de sus ocios a la compra, archivo, estudio, catalogación y difusión de las piezas que, luego, convirtieron a la BNE en el mayor y mejor centro mundial de bibliografía sobre Miguel de Cervantes. Desde un manuscrito original del escritor alcalaíno -sólo existen cinco- a las primeras ediciones de la novela más conocida de la historia, se reúnen versiones publicadas, desde el siglo XVII hasta hoy, en la práctica totalidad de los idiomas conocidos. El capítulo plástico se compone de pinturas y dibujos de artistas notables, entre los que sobresale un grafito notable de Pablo Picasso; grabados y estampas en distintas técnicas -xilografías, aguafuertes, litografías, aguatintas, monotipos- realizados en las tres últimas centurias e ilustraciones de imprentas de Europa y América. Como valiosos complementos aparecen piezas únicas, rarezas, curiosidades (entre ellas una impresión en corcho), carteles, impresos y testimonios de bibliotecas y museos, calendarios, juegos infantiles, puzles y objetos decorativos inspirados en el caballero utópico y en su fiel y pragmático escudero. También está presente la totalidad de la producción cervantina
-poesía, prosa y teatro- en sus primeras ediciones y un valioso repertorio iconográfico del ilustre manco.