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Kristina (con K) – Por Francisco Pomares

   

El lío en el Parlamento por el currículo de Juan Santana, el hombre del ministro Soria en la tele, demuestra hasta qué punto un político puede jugársela por un asesor. Soria parece dispuesto a poner en peligro la sustitución de Willy García por colocar en el consejo a su periodista de cámara de toda la vida. Y es que dar la cara por los asesores es un signo de estos tiempos en los que resulta tan difícil conseguir un empleo. Lo que a lo mejor no sabe el ministro Soria (ni Juan Santana) es que los miembros del Consejo Rector no cobran un duro de salario, y que el cargo es incompatible con casi todo. Y que los miembros del Consejo son legalmente responsables de las decisiones que apoyen. Como están las cosas, con la tele y sus contratos bajo todas las lupas, no parece que a Juan Santana le hayan buscado la canonjía ideal.

Ya puestos, si se trataba de agradecerle servicios prestados o por prestar, bien podían haberle encontrado un acomodo similar al que el precesante Bravo de Laguna le buscó a doña Kristrina Cernousovaite, eventual coordinadora de Relaciones Exteriores del Cabildo grancanario, letona de pro, y con más millas a sus espaldas que Willy el otro, o sea Willy Fogg. Uno se pregunta para qué necesitan los Cabildos alguien que coordine las relaciones exteriores, que el PP mucho meterse con las embajadas catalanas, pero luego se apuntan a un bombardeo. Hasta que a uno le contesta la competencia de Bravo (me refiero a los otros del PP) que lo del nombre es sólo por darle lustre y pompa al cargo, que en realidad doña Kristina ejerce de visitadora cabildicia y promotora de viajes y vacaciones por esas Europas del Este y más allá. Tanto el PSOE como Nueva Canarias han intentado saber los cuartos que se gastó la asesora de Bravo en sus viajes a lo largo y ancho del mundo (28 viajes internacionales en los dos últimos años de crisis). Pero no ha habido manera. Doña Kristina no quiere decir lo que nos cuesta. Se ha defendido presentando unos reportajitos sobre Gran Canaria en revistas escritas en cirílico, explicando que en 2014 llegaron a Gran Canaria más de mil lituanos gracias a ella, y diciendo que en esos países tan fríos se desconoce que en la España del PP los foráneos pueden comprarse la residencia por 500.000 euros. Y eso hay que contárselo a los eslavos ricos, para que vengan a comprar chaleses en la costa. Doña Kristina, como Juan Santana, tampoco hizo un gran papel explicando su currículo. Pero el currículo no es la clave: aquí lo importante es hacerse de querer.