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El mamotreto de La Orotava – Por Agustín M. González

   

Cuando hablamos del mamotreto ya la inmensa mayoría sabe que nos referimos al edificio de aparcamientos a medio construir que permanece abandonado junto a la playa de Las Teresitas, por culpa del interminable proceso judicial en que se encuentra inmerso, y que puede que hasta le cueste la cárcel a varios exediles y técnicos municipales por la ocupación de una parte de la zona de dominio marítimo-terrestre. Ese se ha convertido en el mamotreto por antonomasia, aunque mi compañero y responsable de cierre en el Diario, Santiago Toste, siempre nos recalca que el término en realidad está mal empleado. Mamotreto es un libro gordo o abultado, según la Real Academia Española. Pero bueno, a estas alturas ya va a ser difícil darle marcha atrás a ese nombrete acuñado por políticos y periodistas. Es más bien un armatoste, un objeto o edificio grande y de poca utilidad. Por desgracia, en nuestra geografía insular son bastante frecuentes este tipo de adefesios inservibles que afean el entorno y reflejan la negligencia o incompetencia de algunos responsables públicos, con el consiguiente costo para las arcas públicas. Me viene a la mente, por ejemplo, las llamadas gañanías de la playa de Martiánez, en Puerto de la Cruz, las cafeterías que construyeron en lugar del mítico café Columbus y que años después tuvo que derribar el Ayuntamiento porque, aparte de horrorosas, no dejaban ver el mar desde la avenida de Colón.

Una pifia grande y cara. Más clamorosos son los grandes edificios abandonados desde hace décadas a medio construir en el Puntillo del Sol, en La Matanza, o en Añaza. Pero del mamotreto o armatoste del que quiero escribir hoy es de la ruinas del Teatro Cine Atlante, en La Orotava, un edificio singular, valioso y emblemático que el Ayuntamiento autorizó demoler hace 11 años para facilitar la construcción de un macroedificio de viviendas y aparcamientos. La movilización vecinal, encabezada por la Coordinadora Ecologista El Rincón, logró paralizar el derribo y llevar esa actuación a los tribunales, donde aún continúa el proceso, con varios imputados, entre ellos el exalcalde Isaac Valencia y el concejal Juan Dóniz por un posible delito contra el patrimonio histórico. En mi modesta opinión, este es seguramente el mayor lunar que tuvo mi amigo Isaac Valencia en su larga trayectoria como alcalde, en la que hizo muchas cosas positivas para su pueblo. Pero aquí se equivocó. Se equivocó y su equivocación le va a salir muy cara al Ayuntamiento, a la empresa constructora -que casi quiebra por culpa de este largo litigio- y a todos los villeros. Y en medio de esta historia interminable y absurda, en pleno corazón de La Orotava quedó plantado, no se sabe hasta cuándo, un triste mamotreto, un edificio en ruinas que, aunque escondido y abatido, susurra a todo el que se le acerca nostálgicas veladas de música, baile y cine sobre un piso de madera y abatible. El Atlante es otro triste mamotreto, otra vergüenza, otro monumento a la estupidez y a la negligencia humanas. Por desgracia, no será el último, porque no aprendemos…