X
sobre el volcán>

Mercadear con la democracia – Por David Sanz

   

En estos tiempos de confusión, donde todo aquello que dábamos por supuesto se pone en cuestión, es cuando asoman con todo su cinismo personajes que intentan mercadear con la democracia en favor de los intereses de una determinada élite. El caso más reciente fue un extenso artículo que publicó Felipe González en El País para justificar la defenestración de Tomás Gómez al frente del PSM y como candidato a la Comunidad Autónoma de Madrid. El expresidente y prócer de la marchita socialdemocracia europea defendió esta operación siniestra como una maniobra de rentabilidad electoral, cuya legitimidad sitúa por encima de la democracia interna en los partidos, que no dejaría de ser un aderezo estético para este lector avanzado de El Príncipe de Maquiavelo. No asombra que González piense así, sino que la presunta regeneración política que decía encarnar Pedro Sánchez renuncie tan pronto a dirigir una organización democrática y a recuperar el crédito ciudadano que ha ido perdiendo a manos llenas en los últimos años. Una dirección federal del PSOE que maltrata no solo la democracia interna de su propia organización, sino que también deja en situación de indefensión a sus propios militantes. Parece que esta nueva gente del socialismo español, como no dispone de autoridad moral para marcar sus políticas, tiene que imponerse por la fuerza y gobernar con gestoras. Claro que Gabilondo es un gran candidato, lo sería incluso mejor que Pedro Sánchez o Susana Díaz, y los dos juntos, al Gobierno de España, pero los procedimientos en democracia son tan importantes como los contenidos.

José Miguel Pérez, en Canarias, ha sido un alumno aventajado y así tiene el partido en las Islas, roto por todos sus costados, donde sobrevive, encaramada al aparato, la mediocridad que hace méritos para continuar en el poder. Esa tiranía de la mediocridad es la que ha ganado en La Gomera. Incapaces de tumbar a Casimiro Curbelo con el respaldo popular o de las bases del partido, lo han tenido que hacer con intrigas palaciegas. El presidente del Cabildo gomero podrá gustar más o menos, despertar más o menos sospechas (lo cierto es que después de casi una década investigándolo no han podido demostrar nada hasta ahora en su contra), pero solo por su trayectoria merece que al menos se le derrotara democráticamente y no con una gestora que va a dejar pelado como el palo de un gallinero a uno de los principales feudos del socialismo canario.

Lo de La Palma ya es el no va más de este dislate. En el caso del presidente del Cabildo y sus consejeros nadie se atreve a decir a estas alturas si están dentro o fuera. Están mareando la perdiz tanto que, a uno que ya tiene el colmillo afilado, no le extrañaría que lo sigan haciendo hasta cortarles definitivamente las alas cuando ya no tengan capacidad para volar por su cuenta. Hay que tener amor por una causa para soportar tanto tiempo este pitorreo. Dudo mucho que cualquiera de los gestores estaría dispuesto a soportar por tanto tiempo esta humillación y habría cogido los bártulos hace unos meses. Quizá eso es lo que estaban esperando, con estos estrategas nunca se sabe.