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después del paréntesis>

Nisman – Por Domingo-Luis Hernández

   

La acusación contra la presidenta de Argentina, la señora doña Cristina Fernández de Kirchner, era muy grave. Quien se atreviera a formularla acaso se las vería con problemas insalvables. El que así consideró la causa fue un juez especializado en terrorismo internacional. Adujo que la señora Kirchner tapaba (por mor del famoso “memorándun con Irán”) la participación de ese país en la matanza de la sinagoga judía del Barrio del Once aquel fatídico día 18 de julio del año 1994, con ochenta y tantos muertos, y que tenía pruebas. El acusador en cuestión se llamó Alberto Nisman y, luego de hacer la compra y retirarse a su casa, apareció al día siguiente muerto con un tiro en la cabeza. De manera que por ahí se mueve la policía: nada sospechoso, suicidio y más tarde marcas de Adn en el apartamento que no pertenecían al muerto…

Oscuro, se dice la gente en Buenos Aires. ¿Qué ocurre? Cito otro caso:
Se llamó Rodolfo Walsh. Había nacido en el año 1927 en un pueblo de Río Negro y su padre era irlandés. De ahí que, aparte de desempeñarse como agente editorial en importantes grupos como Hachette, se ganó alguna vez la vida como traductor. Su predilección era el cuento policial y el fantástico, que ejerció y del que fue compilador de antologías. De su firma salieron libros reconocidos de relatos como Variaciones en rojo, Cuento para tahúres, Los oficios terrestres, La máquina del bien y del mal o Un kilo de oro. Hacia el año 1947 se adentra en una de sus pasiones: el periodismo. Con el tiempo se convierte como uno de los periodistas de investigación más capaces de toda Sudamérica.

En sus manos cayó un caso, por el que fue famoso: el caso Livraga. La serie de reportajes en la revista Mayoría dará con un libro conjetural que aún hoy leen los argentinos de bien: Operación masacre. En el año 1958 otro hecho lo pone sobre aviso: el diario bonaerense La Razón carga con contundencia contra el gobierno. Matones del Servicio de Inteligencia del Estado buscan y asesinan al abogado Marcos Satanowsky. Walsh va a por la información y descubre a los asesinos. Su escritura da con otro libro admirable, El caso Satanowsky.

Convencido militante de izquierdas, se adentra como dirigente de los Montoneros. Hacia el año 1976 discute la concepción, las tácticas y las estrategias del grupo, consciente de la derrota y de sus consecuencias. Demasiado tarde. El 24 de marzo de ese año el golpe de estado de la junta militar con Videla a la cabeza actúa. Matan a su hija María Victoria (de 26 años) en un enfrentamiento con el ejército. El 25 de marzo del año 1977 Walsh es secuestrado por el temido grupo militar de la Escuela de Mecánica de la Armada. Se resiste. Lo asesinan. Tenía 50 años.

El ser que se había propuesto en vida destejer los manejos impúdicos del poder contaba con el mismo destino de su responsabilidad. ¿Eso queda?, se preguntará. Queda su testimonio, para memoria del terror. Es decir, acaso nunca se sepa en verdad lo que le ocurrió a Nisman, quién empuñó el arma que disparó contra su cabeza. Pero 2015 y un episodio más de las siniestras mañas de un sector aberrante de ese país de América. ¿Alguna vez se detendrá?