X
opiniÓn >

El pacto antiterrorista – Por Sergio García de la Cruz

   

Pocas veces en la historia de la democracia de este país hemos visto cómo sus dos grandes partidos políticos se ponen de acuerdo o pactan, y no debería ser así, porque ese continuo antagonismo no beneficia a quien en verdad tendrían que hacerlo, sino que supone una forma más de mostrarnos que son empresas que actúan bajo esa constante tensión de competitividad, lo que en cierta medida nos lleva al concepto dado por Kirchheimer de partidos atrápalo-todo, que son los que renuncian a la ortodoxia ideológica para obtener el mayor número de votos y con ello lograr posiciones de poder y de gobierno. Aunque la experiencia nos ha enseñado que cuando han logrado unirse en algo es porque alguien les ha acercado por las orejas.

Este pacto concreto lleva consigo una incomprensible prisa y versa sobre el delito de terrorismo y su regulación penal, más concretamente al capítulo relativo a las organizaciones y grupos terroristas y de los delitos de terrorismo, pero no lleva tras de sí un consenso de más grupos como requeriría una materia tan delicada. Sin duda son medidas paradójicas tratándose de España, un país que ha estado azotado por el fenómeno del terrorismo desde hace más de un siglo, desde aquellas Orsinis.

La modificación establece diversas definiciones de lo que será considerado como una organización o grupo terrorista y de una nueva definición del delito de terrorismo, también se tipifica el adoctrinamiento y el adiestramiento militar. Aunque lo que verdaderamente ha causado cierto revuelo es la prisión permanente revisable bajo la denominación de: “pena de prisión por el tiempo máximo previsto en este Código”; esto no entra dentro de los principios jurídicos que marcan nuestro ordenamiento, se trata de añadir una pena indeterminada, que además pugna contra el mandato constitucional de reinserción y la rehabilitación, además de que se observan a lo largo de la reforma múltiples conceptos indeterminados.

Tenemos una regulación ya muy completa sobre terrorismo y con esta reforma se observa cómo se abre el abanico para subsumir una aplicación muy generalista del término terrorismo, llegando incluso a desvirtuar tanto el concepto que lo podría hacer extensible a situaciones ciudadanas. La definición de terrorismo ya ha sido dada por la ONU como cualquier acto, además de los ya especificados en los convenios y convenciones vigentes sobre determinados aspectos del terrorismo, los Convenios de Ginebra y la Resolución 1566 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, destinado a causar la muerte o lesiones corporales graves a un civil o a un no combatiente, cuando el propósito de dicho acto, por su naturaleza o contexto, sea intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar una acción o abstenerse de hacerla. No inventemos o intentemos criminalizar casi todos los actos como tal con la sola condición de que la pena supere los 5 años y obligue a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo.

¿De verdad creemos que podemos disuadir a un terrorista suicida con esta reforma? Debemos destinar más medios para perseguir a los verdaderos terroristas y no criminalizar situaciones sociales o de navegar por la red.

www.sergiogarciacruz.com