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Pacto antiyihadista – Por Leopoldo Fernández

   

No ha tenido el eco que merece el Acuerdo para afianzar la unidad en defensa de las libertades y en la lucha contra el terrorismo, o pacto antiyihadista, firmado por PP y PSOE a través de sus máximos representantes, Rajoy y Sánchez, plasmado ya en una proposición de ley conjunta presentada por los grupos parlamentarios respectivos en el Congreso de los Diputados. Se trata del cuarto acuerdo antiterrorista que suscriben estas dos grandes formaciones políticas en un afán de colaboración responsable, leal y con sentido de Estado. Esta altura de miras pretende acabar con la muy deficiente regulación de los delitos de terrorismo existente en el Código Penal; una laguna judicial a la que ahora se hace frente con modificaciones sustanciales ante el peligro que suponen las actividades del islamismo fundamentalista.

En efecto, no parece lógico que queden impunes las colectas en beneficio de organizaciones yihadistas radicales que utilizan la violencia para lograr fines políticos, ni la incitación desde las redes sociales a la comisión de atentados, los viajes a países terceros para recibir instrucción militar y adiestramiento en el uso de armas o el uso de Internet para el adoctrinamiento pasivo en técnicas de guerrillas y para fines religiosos fuera de la ley. Aun aceptando cierta incoherencia en la postura del PSOE, que firma el pacto al tiempo que rechaza una de sus incorporaciones jurídicas -el establecimiento de la pena de prisión permanente revisable para algunos delitos-, la trayectoria de este partido no ofrece dudas en su compromiso con la democracia, las libertades, la seguridad de los españoles y cuantas medidas contribuyan a la reafirmación de los principios y valores consagrados en la Constitución. Lo extraño hubiera sido que los socialistas, que han venido ocupando la centralidad en la vida política española, no se prestaran al consenso acogiéndose, como han hecho otros partidos -en este sentido es digna de alabanza la postura de Coalición Canaria al sumarse al consenso-, a disculpas ridículas. El pacto, que beneficia a Sánchez al proyectar una imagen de líder serio y juicioso, envía un mensaje nítido al mundo radical cuya amenaza trata de neutralizar mediante políticas de firmeza y unidad que hacen compatibles la libertad y la seguridad.