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No perder el tren – Por Juan Carlos García

   

Confieso que en ocasiones me siento como el personaje que interpreta Raúl Arévalo en la comedia en cartelera Las ovejas no pierden el tren cuando, como periodista en paro y recién mudado a un entorno rural, se enfrenta al folio en blanco de su ordenador sin que le fluyan las ideas para escribir unas líneas. Una nueva negativa de un empresario del sector a contratarlo la interioriza como una forma de perder el último tren para poder desarrollar su dedicación vocacional. Los trenes se pierden a diario, pero siempre está el consuelo de subirse en el siguiente, siempre que haya un siguiente. Aquí, de momento, podemos perder y perdemos la guagua o el tranvía, pero siempre podemos esperar por el siguiente. Se apela a la expresión “perder el tren” cuando se dejan pasar o escapar, por diferentes motivos, las oportunidades valiosas que la vida, a veces, presenta a las personas. Dejo las reflexiones de tipo filosófico para los estudiosos. En el diccionario de la RAE se recoge esta acepción: perder la última oportunidad o esperanza. Esta expresión tanto usted, estimado lector, apreciada lectora, como yo la oímos con relativa frecuencia. Y además atribuida no solo a personas, sino a todo tipo de entidades y conceptos. Así: “el Ayuntamiento de Santa Cruz Tenerife ha perdido el tren para optar a una u otra subvención”, “Canarias está a punto de perder el tren de las energías renovables” o “El CD Tenerife no quiere perder el tren de Segunda”. Algunos políticos no quieren perder el tren de las listas electorales. Otros hace ya tiempo que han perdido el tren. Y quizás sea su último tren. ¿Pero cuándo deciden los demás que se trata del último tren? Tal y como se escenifica en la película mencionada, cada persona puede decidir, en ocasiones, que ese tren que se ha perdido no sea el último. Ni aunque te lo remarque la sociedad: “Has perdido tu último tren”. No, cada persona tiene opción a determinar que su último tren todavía no ha pasado. Cada persona tiene derecho a elegir el momento de subirse al último tren. Lo que queda subrayado en ese filme es que las ovejas no pierden el tren. A la vida rural no se le escapa ningún tren mientras haya personas que la mimen, aunque sean periodistas en paro.